lunes, 4 de mayo de 2009

¿UNA INFLUENZA FASCISTA? V

-¿una conspiración mundial?
Tan apresurado y ligero como los gestos contorcidos y melodramáticos de algunos lectores de tele promters (presentadores de noticieros), sería afirmar la existencia de una conspiración mundial para sembrar los gérmenes de una dominación bio-política a manos de las grandes corporaciones trasnacionales. Pero más precipitado aún, dejar de lado muchas dudas, lagunas y reacciones socio-culturales que ha suscitado el manejo gubernamental y mediático de la epidemia.

¿Dónde se produjo el virus?, ¿hay alguien detrás de su creación y propagación? , ¿Cuáles son las zonas endémicas, el mundo entero?, ¿por qué otras enfermedades no han despertado el interés vivo de los medios? ¿La malaria en Latinoamérica, la fiebre amarilla, el retorno de la tuberculosis, y otras enfermedades virales que se creían superadas, no son de urgente atención por la salud pública? En la red es factible hallar cientos de hipótesis para estos interrogantes, ninguno confirmado empero.

Sin embargo hay dos fenómenos claros:

- El manejo publicitario de la supuesta “pandemia” a beneficio de los productos farmacéuticos de la GlaxoSmithKline, la Roche y otras corporaciones trasnacionales farmacéuticas y de la bioseguridad. Concomitantemente con este realce farmacéutico, se ha presentado un despliegue mediático a favor de los distintos gobiernos y Estados, que pese a evidenciar la catastrófica situación de la salud pública debido a unas políticas neoliberales que han dejado a sus poblaciones a merced de empresas privadas, han fortalecido sus respectivas imágenes, debido al manejo ampliamente POLICIVO de la problemática, brindando la paradójica sensación de una actuación eficiente, eficaz y responsable frente a una emergencia de “ dimensiones globales”

-Los Estados han sacado a flote su raigambre POLICIVA, sugiriendo a sus ciudadanos unas pautas de comportamiento, quizás deseadas como normas de control social férreo y efectivo, en el plano de los intereses corporativos trasnacionales. Es así, las medidas de seguridad y “autocontrol personal” de la “pandemia” parecieran incoarse a la sombra de una política ultraconservadora basada en la sospecha y desconfianza mutuas entre conciudadanos, un miedo visceral a los extranjeros, un auto toque de queda o estado de excepción constante y unos cuidados asépticos extremos que conducen a un individualismo exacerbado frente al “otro” pero a su vez a una asimilación acrítica de los condicionamientos perpetrados por los discursos oficialistas (del stablishment), valga decir: masificación.

La inducción de temores, miedos y pánicos infundados (como es el caso de una epidemia cuyo número de muertes e infectados no es sino un pasa bocas -no tapa bocas- comparado con la fatalidad de la gripe común anualmente en el mundo) conlleva a formas de dominación social, política, cultural y mental abrasivas, que no distan mucho de configurar un inobjetable fascismo.

El Fascismo no es un modo de producción si no una estrategia de dominación donde lo cultural, lo irracional, lo místico, las normas de urbanidad y la prevalencia de las emociones sobre la razón, cobran especial valía política. De hecho el nuevo saludo a que se conmina a la población se asemeja al conocido saludo fascista, consistente en mostrar la palma de la mano elevada al compañero pero a varios centímetros de distancia de manera que sea imposible el más leve contacto físico con él. Se objetará que ésto no es más que un detalle irrelevante, pero de detalles entienden bastante los poderosos.

No obstante, de tratarse de una conspiración, la gripe porcina no pasaría de ser un ensayo que daría cuentas sobre la eficacia estratégica de la bio política como forma de control social, mental, cultural y biológico de la población mundial. De ser así, estaríamos frente a un esquemático modelo, apenas un bosquejo de lo que sería una Pandemia Real, que sí dejaría millones de muertos y que, como lo han venido demostrando las grandes masas esta vez, significaría la aceptación ingenua de un establecimiento fascista mundial, en el que por terror, alienación, higiene, sugestión, indefensión, ignorancia, egoísmo, discriminación, ostracismo, xenofobia, estigmatización, culto al Estado, etc., los colectivos humanos se encontrarían de pronto inhibidos de formas de resistencia social activa

. ¿Somos un ensayo social de una posible epidemia mortal?, ¿somos un laboratorio mundial? Como con los ensayos nucleares ¿están probando la efectividad de un control biológico de la política mundial?

Esto parece ficción, pero las imágenes de millares de personas transitando con tapabocas en todo el mundo también parecieron ficción, y sucedió…

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