miércoles, 20 de mayo de 2009

¡BIEN, BENEDETTI!

Te llevábamos en los bolsillos de cualquier atardecer dudoso
Coreabas entre nosotros las consignas con las que solíamos edulcorar el café
Firmabas en las vigilias frente a las cárceles cientos de boletos de libertad
Bebías de nuestra cerveza y nosotros nos tomábamos tu vino
Andabas descalzo en nuestro sempiterno verano
Sembrando la cordillera de hilarantes utopías.

Encendiste la llama desde el cono sur
Con aquel porfiado Ernesto a quien tu pluma llorara;
Calcinando las secuelas del olvido
Acariciando la firme ternura
De nuestras tierras.

Ponías leche en lacrimógenos
Cada metáfora desmontaba cicatrices
Todo tu canto hería
Los sermones de la injusticia.

No vamos a decir ahora que eras invencible
Le estética pudorosa imprimió una que otra desventura
Los refinamientos te armaron un tribunal
Pero no te dejabas detener
Porque Narciso no osó poblar tus latitudes.

Navegaste en nuestras venas
Capoteaste agónicos lustros
Envenenado el saludo de las fasces
Ridiculizando martirios y martirizantes
Seduciendo los pisos térmicos
Con los vientos impúdicos de la libertad.

Solías mirar de soslayo
Una cadena rota en la retórica
Un desacuerdo formal en una fogata
Un lente amenazante en los edificios
Una certeza escalofriante en el temblor de las avenidas
Cuando salíamos a deplorar el odio
El silencio
La vileza.

Ahora no podés quemar las naves
porque antes tendremos que entrar en ellas.

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