viernes, 7 de enero de 2011

Leyes de asepsia social....léase: "limpieza social"; no de pulmones...

( Post publicado originalmente como comentario en el blog de Miguel Jara


La ley anti-tabaco (ley 1335 de 2009 o ley integral de control del tabaco) de Colombia, es mucho más represiva que la de España, pero aún así lo difícil no es transgredir dicha ley totalitaria sino concebir  su  asimilación acrítica por parte de la población en lo que bien puede denominarse  fascismo legislativo y  que converge en un proceso de moralización de la norma jurídica. En un país donde van más de 500.000 desapariciones forzosas, donde el paramilitarismo sigue aterrorizando gran parte del territorio, donde el aumento del salario mínimo alcanza sólo el ridículo porcentaje del 3,4%,  donde aún (increíble) casi nadie habla del narcotráfico "legal " de sustancias psicoactivas (antidepresivos, ansiolíticos, controladores de la infancia, etc), en suma, en este país, hoy día es más perseguido moral y policivamente un fumador que un corrupto, que el dueño de una compañía destructora del ambiente, que un criminal genocida.  Parece exageración, pero es así; el fumador hoy es considerado como un ser "anormal" y como tal es excluido, vapuleado, señalado y estigmatizado; aparte, es sometido a los rigores psíquicos de las siniestras campañas de “salud pública” que supuestamente buscan el  “bien” del “vicioso”. En estas tierras, las cajetillas de cigarros se expenden con imágenes que “ilustran” de manera excesivamente didáctica, por no decir, terrorista,  ya no los riesgos, sino  las atrocidades a que sometes tu cuerpo si fumas: así hay fotogramas de cánceres abrasivos en la piel y otras alusivas a un terrible miedo en los hombres: a la impotencia sexual (así, sin más; no se dice: disfunción eréctil, no hay eufemismos ni consideraciones).  Aunque quizás, la imagen más abominable de esta campaña de “salud” es la correspondiente a una mujer cuyo rostro es dividido en dos partes; una  muestra una piel lozana, tersa y juvenil y la otra un rostro envejecido; abajo, una inscripción reza: “Fumar envejece”.

Sí señores, tal cual, para  las autoridades de salud y la masa legislativa la vejez es una enfermedad, no es un acontecimiento vital, normal, sino un atroz consecuencia de incurrir en actos morales indebidos, como lo es – por voluntad legislativa, por capricho legal- el  salvaje acto de fumar.  Dentro de poco tendremos leyes totalitarias que explícitamente consideren en su texto la vejez como enfermedad; de alguna manera las trasnacionales de la salud ya lo han previsto; hoy las intervenciones en los cuerpos son cada vez más frecuentes y asequibles al bolsillo. La salud “estética” (¿el  ser tratado como “estéticamente inaceptable” no es una forma cruel de exclusión social?) cada día tiene más demanda, mientras cientos de colombianos mueren en las afueras de los hospitales por una gripe, por un accidente, por cualquier enfermedad, ya que no cuentan con seguro médico pre pago y el subvencionado es motivo de burla social.  Con las presiones mediáticas de la medicina estética ¿no se empuja a la gente a experimentar insatisfacciones anímicas  acuciantes? No interesa; mientras puedes acudir a un médico para que te “cure” de tu vejez, puedes consumir antidepresivos. La salud es una mercancía en tiempos neoliberales, no es un secreto, es un hecho que flota en la superficie, pero quizás por ello, no queremos darnos cuenta, o nos da pereza luchar. 

Volviendo a la ley fascista antitabaco, caben muchos interrogantes; mencionaré sólo uno ¿si lo que les interesa a las autoridades públicas y al mercado al que sirven es cuidar la salud del fumador, lograr el desprendimiento masivo del vicio y prevenirlo a quienes no son fumadores, por qué los persiguen, excluyen y estigmatizan? Lo mismo hace con los pobres y los “locos”. Diríase que pretenden fundar a la fuerza una sociedad aséptica, lo cual sólo es factible con un fascismo enconado, con una sociedad de autómatas; pero diríase que a la par, les conviene incentivar otros vicios como el consumo, el egoísmo, la competitividad  extrema, etc.; sin vicios no pueden vender, sin  conductas agresivas, auto-agresivas, etc, no hay mercado para psiquiatras y fármacos – y de ahí parte un círculo vicioso empresarial -.  El biopoder, para ser eficaz primero necesita enfermar; minar la sociedad de neurosis, psicosis y demás; necesita convencer a cada sujeto que está enfermo, para luego desplegar su doble propósito: reprimir y vender fármacos. Los colosales réditos se alcanzan con tazas elevadísimas de represión. 
 
La salud pública, en la postmodernidad se ha convertido en el terror público. Llama la atención como el acontecimiento histórico que delineó definitivamente los derroteros de la era capitalista – la Revolución Francesa- vio activar una y otra vea la guillotina a manos del “Comité de salud pública”.  ¿Qué hay detrás de esa salud pública que reprime y persigue a los fumadores? Nada, no hay nada oculto, todo  está allí, en los espacios físicos mismos que cierran sus puertas al fumador. Se busca que el fumador deje de hablar; que deje de reunirse, que deje de interactuar con el otro. La lógica política de la ley totalitaria anti-tabaco  se inscribe en la arquitectura misma; en los sitios, lugares, cafés, billares, universidades, etc.  que legalmente cierran sus puertas al fumador. Tal parece que en la sociedad paranoica el fumador es un “conspirador”, pero más allá del fumador, lo que aparece como conspiración es el hecho de reunirse con los amigos, hablar. El  lenguaje  “conspira”, el lenguaje es revolucionario, siempre y cuando no se limpie de todo microbio, es decir, siempre y cuando no se amordace.  Que en las tiendas no se hable más de política, que se hable de las más recientes compras en el shoping center más aséptico; el más blanco, el que más logra encerrar compradores.
Desde luego, no se necesita fumar para hablar  con los amigos, es muy “sano” hablar sin fumar, pero la dictadura de la “salubridad” cierra más espacios al encuentro  entre los sujetos a medida que la postmodernidad avanza – o hace retroceder al sujeto, según se vea- .

No me canso de recomendar la película española “Smoking_Room”, dada la ingeniosa manera como aborda la superficie de las medidas anti-tabaco dentro de los muros de una corporación transnacional, donde se halla todo “lo oculto” tras ese inusitado interés por la salud de sus trabajadores. La prohibición de fumar dentro de los muros de la empresa, encubre la política represiva de la flexibilización laboral, la cual no sólo se presenta en el relajamiento de las relaciones contractuales a favor del empleador, sino en los espacios físicos de trabajo. Lo que realmente se busca con la ley de prohibición de fumar es disgregar a los trabajadores  limitando sus espacios de encuentro, su cafetería, su cuarto para fumar, que lo es también para compartir sus penas, sus cuitas, sus críticas a la empresa…su cuarto para ser compañero… los dejo con unos comentarios sobre Smoking_room :  http://hombremirandoalcineste.blogspot.com/2009/04/smokingroom.html

2 comentarios:

  1. En México tenemos el mismo problema desde hace años, pero apenas el que pasó aceptaron la aplicación de un nuevo impuesto que aumentó en casi un 25% el costo total de las cajetillas de cigarros, además todas contienen en un 70% imágenes y leyendas en contra del cigarro, la cuestión es por qué castigar aún más a una empresa legal y bien establecida así como a la población que de manera autónoma ha decidido fumar. Estos impuestos morales reflejan la miopía de los legisladores, porque además ni un sólo peso llega al sector salud para ayudar a los enfermos de cáncer y demás.

    Es uno de los tantos efectos de la biopolítica, saludos!

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  2. De acuerdo, es un efecto global; sòlo basta con husmear en google imàgenes para percatarse de cuànto ha avanzado la publicidad del miedo, la ofensa y la persecuciòn a los fumadores - y tambièn a los no fumadores-. De igual forma se insulta a los consumidores, tratàndolos como ignorantes; asì sucede con una imagen de la SEDET (Sociedad Española de Especialistas en Tabaquismo), en cuyo sitio web -patrocinado por la Pfizer- muestran una supuesta radiografìa de un pene en la que se nota un hueso partido, en alusiòn al riesgo de disfunciòn erèctil en los fumadores (impotencia, dicen con intencional tosquedad)... pues los ignorantes parecen ser ellos màs bien al publicar tamaña mentira biològica ¿serà que no se han enterado aùn que los humanos no tenemos bàculo dentro del pene?... he aquì el enlace con la imagen en menciòn: http://www.sedet.es/webcms/index.php?menu=noticias&submenu=ver_noticia&id_noticia=1536

    la biopolìtica y su biopoder fabrica los espantos postmodernos. Saludos Josè.

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