jueves, 5 de marzo de 2009

Drogo-terapia para controlar los síntomas de la libertad de expresión

..No hable, no diga nada, sus palabras no importan, el psicoanálisis murió hace tiempo. No me interesa su historia... bueno, insiste, entonces hable, y si quiere también registro lo que me dice en su historia clínica, pero no importa lo que diga, perdemos tiempo con eso. Lo voy a drogar de todas maneras , es la única manera de que usted no se haga más daño, con una buena dosis, usted dejará de sentir. Será imperturbable, al cabo de poco tiempo ya nada lo preocupará. Si el problema está en su falta de voluntad, tranquilo, aquí se la administramos, así usted no tendrá que luchar más por controlarla; si la droga falla, no se preocupe, tenemos otros tratamientos, existen unas hermosas casas donde todo es tranquilidad, no hay ruido, no hay...¿cómo decirlo? ...movimiento. Lo cuidaremos, lo relajaremos, será como un spa, contará con profesionales altamente cualificados; si se porta bien, si se porta bien, pronto de su cerebro desaparecerán sus temores, sus tormentos, todo quedará en blanco, estará contento con todo y con todos, no se volverá a agitar por nada. Pronto no sentirá nada, todo será blanco, blanco, blanco...
Ficción

¿Cómo pueden ser capaces de encerrar a un hombre cuyo problema radica precisamente en su aislamiento?, cuando lo que necesita es insertarse en la sociedad.

¿Cómo pueden ser capaces de doparlos con cuanto veneno químico presentan las farmacéuticas bajo rótulos tan hipócritas como “la píldora de la felicidad”?, cuando necesitan ser felices de verdad

¿Cómo anular su voluntad con drogas? si precisamente lo que demanda es el fortalecimiento de su voluntad, de sus ganas de trascender, de ser hombre maduro; lo que precisa en suma es rescatar el deseo.

Drogo terapia, así hay que llamarlo, porque ese jueguito retórico médico en el cual se ensalzan palabrejas tan asépticas como “farmacoterapia”, también es parte de la trampa y hay que denunciarlo)

¿Cómo prescindir de la dignidad y pisotear la intimidad de un hombre que se ha esforzado- pese a su ausencia de voluntad- por narrar su historia (siempre trágica, plagada de sucesos que lo han vejado, humillado) y por desnudar su alma ante un profesional de la mente? Pues bien, no son realmente profesionales de la mente, son profesionales de las células nerviosas, pero la mente es mucho más ancha y compleja, la mente es nuestro infinito, la infinitud de cada quién. Le restan a ese hombre despojado de su ser humano, lo poco que ha podido rescatar de ese mismo ser para comenzar a reconstruirse.

Los psiquiatras, puede que pregunten por la historia de ese hombre, pero cuando diagnostican (esquematizan y reducen) y tratan (castigan, torturan, humillan) desechan la pertenencia de ese hombre, el patrimonio de ese hombre: su llanto, su angustia, su sufrimiento, esto es: Su historia misma, porque esa historia tortuosa lleva implícita las claves de su sanación, de su curación. Para el psiquiatra poderoso, para el neurólogo narciso que sólo cree en la autosatisfacción de sus descubrimientos, quizás ciertos, pero parciales y aislados, considerando al sujeto de paso como un ente eléctrico ( electrodoméstico) … para el psicólogo postmoderno y variopinto, para todos ellos, el sujeto no es más que un pobre infeliz, a quién, si se ayuda de verdad, pueden perder, y así los psico mecánicos evidencian sus miedos de perder su prestigio, su poder, su “buen nombre” y su inagotable fuente de ingresos: los sufrimientos humanos. Son vampiros pseudocientíficos, son neuróticos; los psiquiatras están enfermos, la psiquiatría es una enfermedad. El sufrimiento ajeno es la materia prima de su empresa, una empresa que como todas, intervienen en circuitos complejos de producción, donde sus proveedores son las academias neopositivistas de medicina, psicología y medicina y las grandes trasnacionales de la mente que trafican con sustancias psicoactivas sin ir a la cárcel como los que lo hacen sin permiso. Ellos en cambio son vitoreados por los políticos y tecnócratas a quienes conviene y corresponde tener a los hombres narcotizados, embrutecidos para que no reaccione a las injusticas de que es objeto, es más ,para que no sepa cómo lo dominan y cuáles son las políticas que causan o se relacionan directamente con las depresiones. Los Estados con sus agencias de control de medicamentos y sustancias químicas para consumo humano, parecen no hacer caso a la ingente cantidad de estudios que alertan sobre los peligros reales de la farmacoterapia; al contrario, se regocijan. Se trata de una dominación cíclica, primero producen ambientes propicios para generar depresiones, (primera alienación) y después posan como benefactores preocupados por la salud pública y lo que hacen es prescribir narcóticos, dopar, petrificar las voluntades para que no las puedan recuperar jamás (segunda alienación). Al hombre solo, herido, aislado, doblemente dominado, doblemente engañado y manipulado, sólo le resta reventar…

Así que, existe una maquinaria compleja, una suma de poderes (económico, científico, psiquiátrico, intelectual) que priva de la libertad psíquica, moral, de expresión, en suma, toda la libertad de pensamiento, varias veces. Doble propósito: mantener una atmósfera mental jerarquizada , y aumentar ingentemente los caudales de ganancias, especulando con los seres humanos que ingenuamente buscan la ayuda de las instituciones que lo han sumido en ese agujero negro de miedos y desesperación , al que usualmente denominamos “depresiones” .

Esto es una violación flagrante a los DDHH; comenzando por el momento en que se “re –crea” la enfermedad desde arriba, pasando por los tratamientos crueles, inhumanos o sencillamente engañosos, y hasta…hasta... quién sabe. Por lo tanto se presencia una violación sistemática y de tracto sucesivo de los DDHH, es decir, los derechos se violan constantemente.

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