viernes, 26 de noviembre de 2010

Néstor Kirchner: “un lugar en el mundo” para Argentina

"Si, Néstor, el "Loco" o el "Pingüino" sin saberlo practicaba el psicoanálisis pues escuchaba estando sumergido como lo hace el analista en el mismo pantano infernal y de cielo que habita el analizante, quizás por eso no es medallita de oro que le cae bien a todos, más bien es un no todo."
 Alberto Sladogna


En nuestros tiempos hablamos de la muerte de Dios y de la caída del padre como actos referenciales del capitalismo postmoderno; sin embargo con el adiós del ex presidente de Argentina Néstor Kirchner del mundo que nos habita no pude evitar intuir – sólo intuir- que entre los abrazos, las filas, las pancartas, el llanto, la lluvia y el dolor colectivo que abrumaron a la tierra natal del Che y Maradona, podría vislumbrarse un sentimiento mucho más familiar que una pena política por la muerte de un caudillo, entre otras cosas porque Néstor no lo fue, no al menos en la acepción que la tradicional ciencia política le tiene asignada al término “caudillismo”; tal definición fue operada por los medios privados comerciales de información para tejer la telaraña de la intriga oportunista que presentó a Cristina Fernández, contrario a toda prueba de la realidad, como una indefensa mujer incapaz de conducir la vida pública de su país sin la presencia física de su esposo, y a los pueblos argentinos como masas despojadas de valor que al verse privadas de la conducción única y absoluta del jefe, se hallarían de pronto desorientadas en una cruce de caminos que las llevaría a un desorden propicio para hacer tambalear la nueva y muy joven institucionalidad argentina. Tal fue el mensaje mediático en desarrollo de esa guerra sucia que Néstor tanto denunciara. Diferente fue el mensaje sentido y no obstante pletórico de agudos raciocinios de Evo Morales al precisar que “Suramérica quedó huérfana”; con estas palabras rebasamos con mucho la conspiración mediática que pretendía aprovechar el fallecimiento de Kirchner, y se hace factible observar en alguna medida, que había - que hay- una consideración del ex presidente como “padre”.

El cine argentino denominado “de crisis”, o al que yo ubico entre la transición a la “democracia” y los momentos más agónicos de la misma, (entre mediados de los 80 y primeros años del siglo XXI) nos da muestras de cierta búsqueda de un “padre” perdido entre las tinieblas de la dictadura y el desastre económico y social generado por el neoliberalismo impuesto por el mismo fascismo capitalista ( permítanme redundar en este punto), infausto albor del nuevo milenio que escenificó el terror de los niños que comían ratas – no, no fue una sórdida metáfora- ver: (http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_2029000/2029149.stm) Las apuestas cinematográficas no evidenciaron, empero, una narrativa beligerante ni desesperada sino más bien reflexiva. El desencanto ante la transición y la miseria que derivaba de una Argentina traicionada por sus dirigentes, que se mecía hasta adormecerse para lidiar con el abandono de los anhelos de justicia social, económica y política, fue el lumen paradojal que impulsaría el cine sureño como propuesta artística donde lo psíquico y la expresión de las relaciones intersubjetivas en el estado de desaliento popular se alzarían como bandera de lucha cultural en la que, no obstante, primaba el conocimiento intrínseco de Argentina como sí misma. La industria fílmica sacó muy bien sus cuentas, y entre centenares de películas producidas, decidió apoyar a un grupo de cineastas “analistas” que le otorgarían reconocimiento internacional. Pero el saber social de la crisis no fue concebido como panfleto y se optó por exponer los conflictos sociales interiorizados a través de personajes individualizados, delimitados en sus esferas morales, puestos en escena para hablar de sí mismos, hecho que muy creativamente los hacía hablar de los otros, de toda Argentina… La tragedia social se exploró intentando una alternativa fílmica subjetiva. El sujeto se abalanzó entonces contra los muros instalados por las corporaciones, y los organismos de Crédito internacional tratando de romper la encerrona a que se veía sometido por estas transnacionales. Varios cineastas plantearon un debate similar: “estamos huérfanos” ¿dónde está el padre? Sólo mencionaré algunos títulos de Adolfo Aristarain, Marcelo Piñeyro y Daniel Burman para ilustrar esta cuestión. El primero más filosófico, el segundo un tanto más dinámico y expresivo, y el último vivificando un diálogo intercultural entre diversos sectores. 

En “Un Lugar en el Mundo” (1992) Aristarain fija espacios rurales, alejados, como posibilidad de vivir a Argentina, no de hallar un rinconcito para readecuar su lucha por un mundo mejor, sino de darle un lugar a su país por medio de debates políticos que dieran cuenta de historia íntimas, de historias de familia. Escape y encuentro; el escape es el encuentro con el sujeto mismo, pero también es el reconocimiento de una soledad recorrida en las afueras para dar al hijo , a los hijos, la conexión con su ruta de viaje, indefinida, que le corresponde al hijo mismo volver a hallar; sería responsabilidad de las nuevas generaciones, pues, encontrar al padre y esto sólo sería posible revisando los caminos del mismo. En “Martín Hache” (1997) Aristarain alza al hijo contra la derrota del padre, contra su muerte, que es la muerte que lo rodea resistiéndose a sí misma por el arte cinematográfico. Para el padre, Argentina es una trampa y el país son los amigos, que importan, pero que igual pasan. “La patria es un invento”, y el hijo , en su ímpetu juvenil, en su rebeldía crédula debía retar al padre para demostrarle que la patria podría entonces ser re-inventada, y para tal menester tendría que estar cerca a él, viviendo de paso a su Argentina desde afuera, con él, con su padre, con su derrota. Convivir con la derrota para luego derrotarla; para derrotar la muerte del padre; resistencia contra esa postmodernidad de alguna manera aceptada por el mismo. Piñeyro por su parte habló sobre el terror de la dictadura a través de un pequeño que enseñaba por medio de un juego de magia una ruta de escape para sus padres, comprometidos con las luchas revolucionarias de la época. El niño queda bajo el cuidado de su abuelo, en Argentina, pero construyendo su propia región geográfica para sobrevivir la pérdida de sus padres; es Kamchatka, y así tituló Piñeyro su película, en el año 2002. Años antes, en 1997, el mismo director había orquestado un drama familiar y judicial, donde el deceso del Padre sumía a sus tres hijos y todos los personajes que los rodeaban en una tragedia donde los lazos de fraternidad se ponían a prueba, mientras que el corrupto sistema judicial y político, que había incidido en la muerte mencionada, aprovechaba la misma para resquebrajar a su antojo el amor y la solidaridad entre los tres hermanos huérfanos; por el apellido de los protagonistas ( Makantazis) y una memorable escena de danza griega donde padre e hijos celebran sus lazos afectivos, se infiere un alegato a favor de la historia de inmigración que dio más fuerza a una Argentina multicultural en el siglo XX. Los padres de afuera también ayudaron a forjar el país, pero también fueron “desapareciendo”. Muy apropiado el título del film: “Cenizas del Paraíso”. En cuanto a Burman, es necesario advertir que buena parte de su obra se difunde en los años del gobierno de Néstor Kirchner, de quién poco se esperaba. En el año 2003 se estrena “El abrazo Partido”, un película que también aprecia el valor cultural de inmigrantes nacionalizados argentinos y que hallan esa búsqueda del padre perdido, a quien hay que encontrar en algún lado, así sea con temor y resentimiento, para al fin participar del abrazo alentador tan anhelado, aunque el padre lo podía ofrecer con un solo brazo. No es un padre a medias, es un padre que querría conciliar; ya no es un padre protector como el de los Makantasis, ahora es un padre conciliador que pueda dar todo lo que tiene con lo que pueda tener; un padre desconocido en quien poder confiar ¿Kirchner? Justo ese año se posesiona Néstor Kirchner como presidente de una Argentina desposeída, inestable, avasallada por las leyes del mercado, “tutelada” por EEUU, como lo demuestra el documento suscrito por Jim Saxton, Vicepresidente del Comité Económico Conjunto del Congreso de los Estados Unidos de América: “La crisis Económica Argentina: Causas y Remedios” (junio de 2003) en el cual no se implica al neoliberalismo como causa de la crisis y se receta más neoliberalismo como “solución” Ver: http://www.vekweb.com/days/crisis.htm Entre 1999 y 2003 el Estado argentino vivió un desorden Político tal que tuvo cuatro presidentes seguidos para sólo ese interregno. Justo en el último año, con la llegada de Kirchner a la Casa Rosada medianamente los Pueblos de Argentina comienzan a vislumbrar un mensaje de tranquilidad, de vitalidad, podría decirse parafraseando a Hugo Chávez, “de resurrección”. (Ver: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/2003/balance_2003/newsid_3341000/3341587.stm ).  


En 2007 Burman filma de nuevo unos diálogos entre padre e hijo, (“Derecho de Familia”) esta vez ubicándolos en escenarios un poco más reposados, dejando entrever la serenidad de una clase media que de a poco ha ido encontrando la confianza para hablar de un mañana posible. En esta película, la ley, el Derecho, las normas jurídicas, y sus visiones tradicionales enfrentadas a las alternativas, hallan un inusitado espacio de interés. Hay una “nueva legalidad” que sin embargo retoma el anhelo en el pasado dictatorial por darle consistencia a unos derechos inexistentes. Y es precisamente en 2007 cuando Néstor culmina sus labores al mando del Estado, dejando sembrada la semilla de una nueva racionalidad jurídica; Él volteó las vieja página del Derecho burgués, para -sin derrumbarlo- usar varias de sus herramientas como respuesta justa a las reivindicaciones populares; una tarea que en el gobierno de Cristina Fernández se ha afianzado tanto que en poco tiempo analistas y críticos del Derecho liberal hablarán de una “Revolución Jurídica”. Argentina con Néstor comenzó a re-crear su Derecho de acuerdo a sus propios reclamos históricos, haciendo valer su historia. En “Derecho de Familia” el padre (abogado) muere dejando a su hijo (también abogado) en la tierra, pero no en soledad; ahora el hijo no está desvalido, tiene instrumentos para seguir avante, ha podido establecer su propia familia y ya es padre; nada es idílico, pero la manigua ya deja entrever nuevos caminos. Néstor Kirchner (abogado) nutrió al Derecho de Justicia; fue justo el reclamo del poder normativo – de crear Derecho- para beneficio de los Pueblos, acto que, se ha ido logrando con la luchas jurídicas que el capitalismo creía tener ganadas desde hace dos siglos. Néstor murió y dejo huérfana a Latinoamérica, pero no en soledad, no desvalida; legó instrumentos para seguir adelante.
Hay más títulos cinematográficos para estudiar, pero con los aquí expuestos, es suficiente para pensar que parte del cine argentino canalizó los deseos y reivindicaciones de una cruda etapa histórica, siendo al mismo tiempo una suerte de vaticinio del Néstor llamado a transformar el orden injusto de las cosas; dudo que a los directores les caiga en gracia estos parangones entre sus piezas fílmicas y Néstor Kirchner como ese padre buscado en los guiones, pero a quien escribe no le parece apropiado dejar de ver en el cine argentino la memoria histórica que colaboró con sus deseos en la forja de la obra política del ex –Presidente. Pero Néstor no estaba predestinado a ocupar el espacio vacío que buscaba entonces el movimiento fílmico; Néstor fue ante todo un intérprete, un intérprete de los deseos y demandas colectivos.

¿No fue Néstor Kirchner un padre que le dio “Un Lugar en el Mundo” a Argentina? Opino que sí; quisiera saber que dice Aristarain.

La gente lo lloraba como a un padre, el cielo los acompañó en su llanto colectivo, pero también lo lloraron como a un hijo: cuando las Abuelas de la Plaza de Mayo daban a Cristina sus pañoletas para que desplazara un poco la institucionalidad de los ritos funerarios,  hiciera saber al mundo entero que Néstor era “su hijo” y que experimentaban un dolor similar al vivido por sus hijos cuando los hacían desaparecer, no quedaba más que entender: Néstor era su hijo, era hijo de una historia lacerada.
Como lo afirmara con buen tino Alberto Sladogna en su programa “Escucharte” el pasado 2 de noviembre: “no fue un duelo de masas, fue un duelo colectivo” en tanto no fue burocráticamente preparado, en cuanto a que no hubo directrices institucionales, de Estado. En tal duelo colectivo, no hubo tampoco noción de lo “público”, sencillamente lo íntimo fue compartido, se fundió en un dolor colectivo, y por lo tanto Néstor fue llorado como un familiar, como un amigo íntimo por los colectivos que hicieron su funeral. 

Aquí hay elementos de trascendencia para conectar con “lo político”: así como la gente que acompañó al Ex presidente en su velatorio, se apropió de su funeral, así los pueblos se han apropiado de la construcción de un nuevo Estado, que es al mismo tiempo una elaboración colectiva; para ello se ha echado mano de instrumentos que otrora les fueron arrebatados a fuego y sangre; el Derecho es uno de éstos. Se construye un nuevo Estado en Argentina, la sociedad lo construye dentro – pero al tiempo contra- el capitalismo neoliberal postmoderno, con las luchas sociales, incluyendo las jurídicas. Si tengo la oportunidad de responder a la pregunta ¿qué es realmente un “Estado Social de Derecho”? remitiré inmediatamente a las luchas de Kirchner, que tampoco son definitivas, pero inauguraron una transición hacia una Argentina justa; que no creo que se quede en la definición conservadora del término político en mención. Pero sí, un honesto y verdadero Estado Social de Derecho es la suma de luchas que ha dado gran parte de la Población contando con la orientación de Néstor Kirchner y viceversa, teniendo en cuenta sin embargo otra parte del censo demográfico de Argentina que celebró su muerte…

Néstor Kirchner no fue un caudillo, no fue un enviado, tampoco fue el mágico protector de unos pueblos desamparados; Kirchner más que nada fue un hombre, un político que interpretó con justicia los deseos de su época. Kirchner ante todo fue un Abogado con su etimología (“advocatus”: un convocado a hablar) Kirchner habló con sus Pueblos, habló por ellos, habló de ellos ante el mundo; Kirchner fue el lenguaje que le dio – devolvió- “un lugar en el mundo” a Argentina…  

Leonardo Plata. 
Texto publicado originalmente a manera de comentarios en la columna del Dr Alberto Sladogna en SDP.Noticias del 2 de noviembre de 2010.

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