domingo, 23 de enero de 2011

OTROS APUNTES PARA EL DEBATE SOBRE LEYES ANTI-FUMADOR, PERDÓN "ANTI-TABACO"


Tal parece que las industrias tabacaleras y los gobiernos han convencido a algunos de “debatir” sólo en torno al empaque de las leyes antitabaco, con el argumento infalible de dominación social en la post-modernidad: “la salud pública”; obviando que, de interesarles la salud de los Pueblos, no tuvieran al planeta sometido al efecto invernadero y otros eventos y sustancias tóxicas -no sólo las químicas-, es un hecho que están logrando desviar la atención de su colosal responsabilidad mundial en el daño ambiental, sin poner en riesgo el aumento progresivo de sus réditos, tal como hace no mucho, hacían las grandes corporaciones con los campesinos pobres de América y Asia: se les acusaba de ser los culpables del desastre ambiental por sus técnicas arcaicas de cultivar arroz.

La problemática de las leyes anti tabaco se ha venido asimilando empero, de forma tal que el fumador es visto como un peligro social para su vecino, para su amigo, para su familia, generando esto un proceso de estigmatización y aislamiento que no contribuye en nada a cuidar la salud ambiental de ningún lugar. Recodemos que el ambiente no sólo está constituido por el entorno biológico, físico y natural; ni por la salud física de las personas solamente; el ambiente está conformado también por las relaciones humanas;  sin éstas, sería improbable hablar de transformación de la naturaleza. Ese ambiente se vicia, si al tenor de una ley, se induce a la intolerancia hacia un porcentaje de la población “viciosa”. De más está decir que ningún ser humano está exento de un vicio, de una adicción, que nadie es plenamente “puro” en su personalidad como para ser loado por las autoridades de salud puritanas. Estamos viviendo un puritanismo en la actualidad, sólo que esta vez, el gancho que vincula a la sociedad a tal discurso no es la religión sino la “salud pública”; la asepsia social. Vivimos tiempos de terror donde paradójicamente, la salud es su motor. Sin ese terrible miedo impuesto a través de mecanismos jurídicos, las farmacéuticas no redituarían tanto. El mercado de parches de nicotina,  medicamentos, cigarrillos electrónicos, drogas psicoactivas legales, genera elevadas utilidades, las que corren a la par de las de las compañías tabacaleras que siguen produciendo y poniendo su producto en el mercado.; para éstas la ley no constituye ningún riesgo

Hay una suma de interrogantes respecto de los supuestos “beneficios” de las persecución legal al fumador que no terminaría ni siquiera de recordar en este momento; algunos de ellos: ¿no es extraño que las leyes anti tabaco se estén imponiendo a escala mundial justo en la misma época, sin considerar diferencias socio-culturales ni siquiera? ¿Es casual que la página web de SEDET (Sociedad Española de Especialistas en Tabaquismo) contenga publicidad de la Pfizer? ¿Si alguien camina en la calle no se ve sometido a la contaminación con CO2, a la contaminación auditiva, a la contaminación visual? ¿No contamina más un propietario o conductor de automóvil que un fumador? ¿Cuántos no fumadores son propietarios y/o conductores de automotores? El problema no es dejar de discutir sobre los perjuicios que conlleva el acto de fumar- tanto para fumador como para no fumadores- el problema es que las leyes antitabaco han venido con una suerte de moralización de la conducta de fumar. Toda la carga de la problemática de la salud ocasionada por las toxinas de los cigarrillos -que existe, que hay que tratar- se está poniendo sobre los fumadores; en cambio las compañías que suministran el vicio siguen felices con sus ganancias, la salud pública sigue mirando de reojo el problema, no ve en las instituciones, en el Estado, en la política, objetos de estudio para explicar el alto porcentaje de fumadores en un Estado determinado... En tiempos de neo-positivismo, las cuestiones sociales se reducen a elaborar esquemas que no comportan causas determinantes; el sujeto es culpado y condenado a priori, mientras, los poderosos disfrutan a más no poder de vicio y condena de los consumidores… ¡siempre hay ganancias para ellos!

No es un juego, fumar es dañino,  pero en tiempos donde la bio política y el biopoder se ciernen contra la humanidad mediante instrumentos de opresión que son mostrados como “beneficios de salud” no conviene quedarse en la discusión de los ornamentos de la ley, sino avanzar en la discusión de lo que realmente busca. Pero, probando que los intereses y las consecuencias de la aplicación de las leyes antitabaco, no son tan angelicales como pareciera, habría que precisar que la cuestión también es más compleja de lo que parece. Lo que está logrando la ley antitabaco es ocultar -esconder- el problema de salud del consumo de cigarrillos, pues se obliga al fumador a esconderse. El “vicio” no cesará. Es lo mismo que ocurre cuando en alguna urbe latinoamericana las autoridades esconden a los mendigos para “limpiar el ambiente” es decir: para “embellecer la ciudad” y así, ocultar los conflictos sociales, la miseria a la que someten a millones de personas. Aún así,  con esta negación lo único que consiguen es encubrir el polvo bajo el tapete; cuando se acumula suficiente polvo, éste sale por los lados, se desborda. La sociedad aséptica no puede seguir barriendo y levantando el tapete. Las cenizas – no sólo las del cigarro- se pondrán en cubierta de alguna manera. Además no sólo preocupa la prohibición de fumar en sitios públicos, son muchas otras prohibiciones que se han venido sucediendo en el marco de andamiajes jurídicos opresivos que abordan como excusa “el bienestar y la salubridad de la sociedad”; así retrocedemos a un estadio donde la ley jurídica no se separaba de la ley moral; asistimos a una época de moralización de la ley, y esto se llama: FASCISMO. Es el Fascismo lo que vivimos, bajo la flamante retórica de la ley democrática…

Esto no es una diatriba, es solo una serie de elementos que creo, no han sido considerados lo suficiente para el debate; respeto tanto a fumadores como a no fumadores, pero considero que se debe ir más allá de una interpretación exegética de la ley; abogo por la interpretación sociológica del Derecho. Por supuesto no pasa de ser este comentario una opinión personalísima. 

Los dejo con unas palabras del Psicólogo y Filósofo mexicano José Vieyra: “ Estos impuestos morales reflejan la miopía de los legisladores, porque además ni un sólo peso llega al sector salud para ayudar a los enfermos de cáncer y demás. Es uno de los tantos efectos de la biopolítica”.

PD: ¿qué pasaría si los órganos legislativos de cada Estado emitieran leyes anti contaminación visual y auditiva? ¿Cómo lo tomarían las corporaciones y la industria publicitaria que les sirve? ¿Aplaudiríamos con ahínco como lo hacemos con las leyes anti-tabaco/fumador? Bueno, mal no estaría pensar, en redactar iniciativas de ley contra la contaminación ambiental, auditiva, visual, a la que nos sometemos fumadores y no fumadores al pasear por la calle… después de todo, liberados como estamos por voluntad legislativa de los fumadores -mas no del tabaco- sufrimos sin chistar las consecuencias negativas para la salud de todos, de toda esa contaminación que nos hace daño sin que medie nuestra voluntad o nuestros vicios.

*Post basado en comentario efectuados en el blog de Miguel Jara
León Plata. 

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