Hola a todos; pido disculpas por la prolongada ausencia de este blog; espero actualizarlo cuanto antes; por lo pronto comparto un artículo enviado por el Dr Juan Pundik, presidente de la Plataforma contra el Prozac y la Medicalización de la infancia, a través del cual se alerta sobre los abusos infantiles a que habría lugar si se adopta legalmente " la creación de un carné de comportamiento que serviría para realizar un seguimiento del pequeño que, en caso de no ajustarse a los criterios de normalidad del Gobierno de turno, debería ser modificado con fármacos."
La infancia bajo control
¿NIÑOS DELINCUENTES?
El viernes 30 de abril a las 22.30 y el sabado 1 mayo de 2010 a las 10:50 se proyectó por el canal ARTE + 7 de la TV francesa una película de 52´ de duración, La infancia bajo control, realizada en Francia por Marie-Pierre Jaury, en 2009, que sale al paso de un informe del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia), del 2005, titulado "Los trastornos del comportamiento en el niño y en el adolescente", en el que presumían haber llegado a la conclusión de que era posible predecir que un niño travieso o desobediente pudiera llegar a convertirse en delincuente en la edad adulta y en consecuencia recomendaba detectar cualquier posible alteración en su comportamiento desde la guardería, para evitar que se convirtieran en futuros criminales. Entre los rasgos infantiles que permitirían predecir al criminal del futuro están la agresividad, el cinismo, la escasa docilidad o el bajo índice de moralidad. El informe fue utilizado como base de un anteproyecto de ley sobre la prevención de la violencia que preveía la creación de un carné de comportamiento que serviría para realizar un seguimiento del pequeño que, en caso de no ajustarse a los criterios de normalidad del Gobierno de turno, debería ser modificado con fármacos.
Afortunadamente el informe y el anteproyecto de ley provocaron una revuelta de numerosos pediatras, psicólogos psicoanalistas e intelectuales, y de muchas de sus instituciones, que acusaron al INSERM de querer promulgar la vigilancia generalizada de los más pequeños,desde la edad de 3 años, bajo la influencia de la psiquiatría conductista anglosajona, legitimando así una ideología "de la seguridad" que está en plena expansión. Una ideología fascista que pretende delirantemente localizar desde la primerísima infancia a los futuros delincuentes potenciales con el fin de prevenir lo que un diputado ponente denominó sus "comportamientos desviados". Una peligrosa manera de ver las cosas que ya está determinando las politicas sanitarias y sociales en países como Canada, Alemania y Gran Bretaña. La premisa de la que parten es que la delincuencia es una enfermedad reconocible desde la temprana infancia. de manera que los gobiernos con el apoyo de las neurociencias y de la psiquiatría deben poner a la infancia bajo estricta vigilancia.
Para las neurociencias a cada trastorno le correspondería su detectable y comprobable molécula. La etología, la neurobiología y la genética se dedican a investigar las causas fisiológicas de los comportamientos "antisociales". Cada vez se utilizan tests más irracionales para diagnosticar más precozmente la "anormalidad" de los ataques de cólera, de las angustias, depresiones, hiperactividad o de las dificultades para concentrarse de los niños. El objetivo es curarlos con diversos medicamentos, que la perversa industria farmacéutica aconseja, y que les son administrados a los niños cada vez más frecuentemente, como el Prozac (fluoxetina), paroxetina, Ritalina (metilfenidato), ansiolíticos, antipsicóticos y antiepilépticos. Sustancias todas con reacciones adversas y consecuencias catastróficas. Apoderarse de objetos, no prestar atención, desobedecer, mentir y soltar agresividad se identifican como síntomas de esos "trastornos del comportamiento" clasificados por la biblia de la psiquiatría americana, el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico), entre más de 400 patologías.
Con claridad y concisión, la película entrevista a investigadores y profesionales de los diferentes países a los que esto concierne (también de Suiza y Bélgica) y escuchando los argumentos de ambas partes, intentan alertar sobre las falsas raíces científicas de esta totalitaria política de control y sus posibles consecuencias. (Agradecemos a Isabel Nuñez Salmerón la información sobre la emisión de la película)
En la sociedad planificada que describe, el psicólogo de Harvard, B. F. Skinner, creador del conductismo, el control de los seres humanos desde la infancia sería tan 'científico' que no se producirían disidencias con el orden establecido: "Podemos lograr un tipo de control bajo el cual las personas controladas, aunque estén siguiendo un código inimaginable en el sistema antiguo, se sientan, a pesar de todo, libres. Están haciendo lo que quieren, no lo que se les obliga. Esta es la fuente del tremendo poder del refuerzo positivo: no hay restricción y no hay rechazo. Mediante un cuidadoso plan cultural, no controlamos la conducta final, sino la inclinación a conducirse: los motivos, los deseos, las aspiraciones. Lo curioso es que, en ese caso, nunca se suscita la cuestión de la libertad". (Walden 2)
Los profesionales que practican los TCC (Tratamientos Cognitivo Conductuales), los psiquiatras y los neurocientíficos se han constituido en la vanguardia ideológica de los que quieren controlar y someter nuestras vidas, nuestras conductas, nuestro pensamiento, nuestras elecciones y nuestros deseos a los intereses de los sectores dominantes. No todos los pertenecientes a las profesiones enumeradas, pero sí una gran mayoría. Aunque puedan no ser conscientes de ellos. El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
PLATAFORMA INTERNACIONAL CONTRA LA MEDICALIZACIÓN DE LA INFANCIA
Juan Pundik
Presidente
REENVÍALO, TRADÚCELO A OTRAS LENGUAS Y ENVÍANOS TU ADHESIÓN A:
¡Zombi! no hay mejor apelativo para describir la obstrucción del desarrollo emocional, afectivo, intelectual y demás en nuestros niños. La violación flagrante de los Derechos del Niño y en suma de los Derechos Humanos, al dopar a los infantes, parece justificarse en el discurso Psiquiátrico actual, muy ligado a los intereses de las grandes corporaciones farmacéuticas y a las extrañas investigaciones acerca de la pretendido “terror” de la hiperactividad infantil- término que también es menester rechazar-. Según el DSM IV -Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales(American Psychiatric Association)- vivir, es per se, un trastorno psiquiátrico.
¿ Y de dónde salen estas investigaciones “científicas”?; pues en primer lugar del bolsillo de las Farmacéuticas, que , sin el menor asomo de ética, patrocinan ( pagan-compran) los estudios de las Entidades Gubernamentales de control de Drogas y Salud Pública, caso muy frecuente especialmente en EEUU y en Europa, lo cual dista mucho de facturar desarrollos científicos confiables- lo que no dejan de facturar es dinero a costa de la salud de los ciudadanos-.
En segundo lugar, es factible precisar que esta pseudociencia utiliza instrumentos y tácticas psicométricas para probar la necesidad de poner el Ritalín ( y otros famosos psicoactivos) en el mercado; es decir, en vez de efectuar rigurosos estudios de salud emocional, lo que verdaderamente hacen son estudios de Mercado; cualquier científico con conciencia, sabe que los estudios psicométricos no son pruebas científicas, no miden la psique de nadie. Así que estas investigaciones salen de la macroeconomía, razón de más para considerarla inhumana.
En tercer lugar, y para completar el tinglado, Estados, Corporaciones, y “profesionales de la mente”, médicos, psiquiatras, psicólogos, neurólogos -verdaderos tecnócratas,aunque no todos- matan dos pájaros de un solo tiro; aparte de los colosales réditos para los tres estados ya referidos, cosas que entre otras, multiplica la miseria y los factores sociales que inciden en el desarrollo de malestares emocionales como las depresiones, se dirige una guerra silenciosa contra las poblaciones; la guerra del silencio, la colonización de las mentes, el control de los deseos, la represión ideológica de la población: el arma: los antidepresivos, antipsicóticos, ansiolíticos... (amén de los medios y demás aparatos de represión ideológica) lo que no vacilo en llamar: “narcotráfico legal”. Muchas de estas “investigaciones” ya han sido desmentidas, sobre todo en torno a los efectos del Prozac (fluoxetina) y otros antidepresivos, pero su difusión ha sido precaria y por lo tanto sus ventas siguen siendo multimillonarias.
A continuación presento un artículo sobre opresión manicomial y psiquiátrica en Argentina, publicado originalmente en la Revista Topía por la Psicóloga Verónica Hollmann y el estudiante de Psicología Juan Pedro Iribarne, hecho que les acarreó como consecuencia la censura oficial y la exclusión laboral...No pocos se han rasgado las vestiduras con este tipo de denuncias, a tal punto, que no han vacilado en atizar el fuego de la hoguera medieval. Continúa la caza de brujas en el ámbito científico; cualquier prueba de que las ideas y " tratamientos" impuestos por la oficialidad Psiquiátrica y Farmacéutica son además de errados, violatorios de Derechos Humanos y/o nocivos para la psique y los cuerpos de los "pacientes" , genera de inmediato la consecuente reacción represiva contra quienes las exponen. En alguno de los comentarios a la nota que nos ocupa en "Topía" , un Psiquiatra opone como argumento ( trivial e inconexo, sin duda alguna), palabras más palabras menos, que el comunismo ya no existe y que el Psicoanálisis pasó de moda. De ello se infiere que el señor Psiquiatra piensa que, porque el comunismo no existe, no existen injusticias y que la psique se "mide" por modas intelectuales...
Este artículo tiene la capacidad de decir las cosas por su nombre. Para aquellos que conocemos los manicomios no vamos a encontrar nada nuevo. Sin embargo describir sin eufemismos como se ejerce el disciplinamiento en la institución manicomial produce esa sensación que Freud nombraba como lo siniestro. Los responsables de mantener esta situación no es un poder abstracto. Son aquellos que por defender sus intereses se oponen a cualquier proyecto de transformación: la alianza entre el gobierno macrista de CABA, los grandes laboratorios, las instituciones de medicina privada, la burocracia sindical que manejan sus intereses en las obras sociales y las organizaciones médicas. El texto de V. Hollmann y J. P. Iribarne -el cual compartimos en su totalidad- reafirma la lucha de todos los sectores antimanicomiales por un tratamiento del padecimiento subjetivo basado en una perspectiva ética, racional y científica. Este el compromiso de nuestra revista. Actualización 7/11/09: A partir de la publicación de este artículo sus autores fueron echados del hospital Borda (leer comunicado de Topía)
Según la Ley 448 en su Artículo 19º: “La internación es una instancia del tratamiento que evalúa y decide el equipo interdisciplinario cuando no sean posibles los abordajes ambulatorios. Cuando ésta deba llevarse a cabo es prioritaria la pronta recuperación y resocialización de la persona. Se procura la creación y funcionamiento de dispositivos para el tratamiento anterior y posterior a la internación que favorezcan el mantenimiento de los vínculos, contactos y comunicación de la persona internada, con sus familiares y allegados, con el entorno laboral y social, garantizando su atención integral.” (1)
Todo el que trabaje en Salud Mental sabe que esta ley no se cumple. Algunos miran para otro lado, defienden intereses personales, gremiales, entre otros. Nosotros, como muchos otros compañeros, no podemos ser cómplices en la naturalización de prácticas que violan la dignidad de los internados para mantener un sistema. En palabras de Basaglia, “…nuestro deber como técnicos es informar a la opinión pública la manera en que están dirigidas estas estructuras, Esto es importante para que las personas tomen conciencia acerca de que son violentadas más que curadas.”(2) “La admisión es un infierno”, se escucha frecuentemente entre los pacientes. Y sí, quema, arde, arrasa como el fuego, con la subjetividad del paciente, y lo somete a una nueva cultura: la manicomial.
Pensemos por un momento, un paciente ingresa en la guardia del Hospital Borda. Es probable que haya ingresado por los tan precisos diagnósticos de “descompensación psicótica”, “alcoholismo crónico” “ideación suicida”, entre otros.
Esta persona, con sus problemáticas, que nunca son abarcadas ni por el más certero recorte diagnóstico, llega, en el mejor de los casos con una familia contenedora o en el peor de los casos en un móvil policial con personas que no están preparadas para lidiar con estas crisis para lo cual no sería raro esperar alguna golpiza.
Una vez llegado al hospital el paciente es llevado a la guardia donde generalmente se le hace una entrevista psiquiátrica, y es bienvenido con el tan mentado “inyectable”. A partir de ahí es derivado al servicio de admisión. Servicio de arrasamiento subjetivo por excelencia.
A ver ¡¿qué de terapéutico tiene esto?! Podemos estar de acuerdo en que todo paciente que atraviesa una crisis, transita por un proceso de retracción libidinal, en algunos casos despersonalización. Veamos que se le brinda al paciente en su inicio del tratamiento:
Al entrar a este servicio, la admisión, se le retiran las pertenencias que van a parar al deposito hospitalario, no se le permite ver a los familiares, que a esta altura se encuentran angustiados, perplejos y con miedo de dejar a su ser querido en este lugar. Familiares que no son contenidos en forma verbal en la mayoría de las ocasiones. Se pueden escuchar diálogos como “bueno, le dejo una toalla, cepillo de dientes algo para que se higienice”, en un claro intento de mantener ciertos hábitos que el paciente venía sosteniendo; “sí”, se le responde, pero a poco de ingresar, sus pertenencias desaparecen, pertenencias que lo ligan con su cotidianeidad y a largo plazo desaparecerán también los hábitos adquiridos, en un claro proceso de desculturización. Los referentes identificatorios se van esfumando: corte de pelo compulsivo, ropa que no elige, no hay espejos, ni relojes, puede pasar días sin mirarse y sin ni siquiera saber día y hora, dando paso a una nueva enfermedad: la enfermedad institucional.
En algunos momentos se aplica un “efectivo método terapéutico”: la contención física, método que anula por completo el decir del sujeto porque si bien en algunos casos puede ser necesario para que no se lastime puede pasar horas y horas por no decir días (si tiene la mala suerte de ingresar un fin de semana) sin que nadie le pregunte sobre su padecer. Es usual escuchar gritos dada la violentación institucional que sufren estos pacientes, violentación que en algunos casos lleva a más medicación. Todo esto sucede mientras los enfermeros juegan al truco al lado de la sala de contención. “Mejor no veo nada y no digo nada porque a veces, observar es meterme en problemas” (3)
En las caras de los pacientes, expresiones de perplejidad, como en otras caras, compañeros que, quizás a causa de su delirio, deciden calmar el sufrimiento del compañero asfixiándolo con una almohada hasta matarlo. Paciente que después es judicializado y tarda años en salir del hospital. Pacientes muertos, que son llevados en tablones por otros compañeros, circulando por el hospital, tapado con una frazada rota, y tratando que no se caiga, mientras partes de este cuerpo que estuvo muerto para muchos, antes de la muerte física, cuelgan del tablón. Lo llevan hasta su lugar de destino que vaya a saber cual es. Y bueno, total, como todos escuchamos en C5N, al Dr. Garralda, director del Hospital: “siempre se muere algún paciente”. En esta frase vemos como desde la más alta jerarquía del hospital quedan naturalizadas las prácticas más aberrantes. Tal como señala Basaglia en su libro La condena de ser loco y pobre, hay que cambiar el esquema que hace del enfermo mental un cuerpo muerto en el manicomio, en una persona viva responsable de su propia salud.
El Servicio de admisión, al ser cerrado, también es usado como servicio de castigo. La frase “el que se porta mal va a ir a parar a admisión” es de uso común, como también en la misma admisión se ha escuchado “si seguís jodiendo te doy electroshock”. Y por si esto fuera poco, esta crónica delirante sigue: “El Borda es una boca grande que te traga” Paciente internado
Si se decide, vaya a saber según que proyecto terapéutico, pasar al paciente al interior del hospital, el siguiente paso en el arrasamiento subjetivo es el Shopping de pacientes. Sí, en el Borda también hay Shopping. En lugar de productos se eligen personas. Lo recomendable para el profesional es conocer a alguien en admisión para que no te metan “un caño” (paciente problemático ya sea por su situación legal, sus conductas o sus pocas posibilidades de externación que baja el promedio del giro cama). Es frecuente escuchar frases como “yo soy amigo, así que me da algo bueno, un psicótico, tranquilo, con familia”. También son comunes los intercambios de mercancías del estilo “me llevo dos psicóticos y te dejo un adicto”. O se puede escuchar, “esperame hasta mañana que tengo uno bueno pero le falta”. Sería lo mismo que ir al verdulero y que te diga que no tiene buenos tomates que los de mañana van a estar mejores. También se conocen rumores de servicios donde no aceptan pacientes con determinadas características, por eso el Shopping en este caso es más selecto, sería algo así como “el Alcorta”.
Una internación puede durar un mes o varios años depende el Servicio en que el paciente sea admitido. Lo que se dice una ruleta rusa.
Si se pensaba que el infierno de la admisión terminaba en el Servicio que posee el mismo nombre, el paciente en cuestión no tardará en comprobar que en el Servicio en que finalmente es aceptado se replican las mismas lógicas antes mencionadas.
En primer término se le realizará una nueva entrevista de admisión. Esta debería ser interdisciplinaria pero en la gran mayoría son realizadas exclusivamente por psiquiatras.
Cualquier persona con cierto sentido común, supondría que se realice en un consultorio cerrado, con una cierta intimidad y contención, donde el paciente pueda contar, nada más ni nada menos, que lo trae por el Hospital, relato generalmente cargado de angustia, confusión, bronca, enojo, depresión, entre otros sentires. Una persona, que esté formada como trabajador/a de Salud Mental debería manejar además los conceptos de encuadre, confidencialidad, transferencia, entre otros. Es fundamental recordar que sumado a la crisis que llevó al paciente a ser internado, es esperable cierto temor y confusión sobre como será la internación, con toda la representación social alrededor de lo que es un manicomio, en este caso el Borda. El lector considerará que lo más lógico sería explicarle al paciente en que Servicio está, como va a ser su tratamiento, con que actividades cuenta el Servicio, que se le muestre su cama y las instalaciones, que se le presente a sus compañeros, se le asigne un tutor que lo acompañe los primeros días, se le explique las reglas de convivencia, y demás cuestiones.
Pese a todo esto, la entrevista es generalmente un interrogatorio cuasi-policial, plagado de preguntas, a veces de tal forma que la siguiente pregunta se superpone a la respuesta del paciente ante la pregunta previa. Durante la misma puede haber hasta cinco psiquiatras, de estricto guardapolvo blanco, con una mesa de por medio, enfrentados (en los múltiples significados de la palabra) al paciente. Por supuesto que los entrevistadores se reservan el derecho a atender su teléfono celular y a hablar a los gritos por sobre el discurso del paciente, a discutir la medicación de otra persona, a interrumpir y a levantarse y salir del consultorio cuando lo consideren menester. A su vez, cualquier profesional del Servicio tiene derecho a entrar y salir del consultorio u office donde se esté haciendo la entrevista cuando así lo desee.
El paciente no recibirá ningún tipo de explicación sobre su situación ni sobre su internación excepto cuando se trate de un paciente internado bajo Juzgado Penal donde se le señala que tiene prohibido salir del hospital.
Las preguntas sobre los síntomas por supuesto que se introducen con la mayor de las sutilezas:
Dr: ¿y escuchás voces?
Pte: No
Dr: ¿Seguro?
Pte: Sí
Dr: ¿y pensás que alguien te persigue?
Pte: No
Dr: Bueno, no te escapes, eh
Si finalmente el paciente en cuestión considera que el suplicio de la entrevista de admisión finalmente terminó, se llevará la grata sorpresa de que esta puede repetirse ad eternum de acuerdo al interés o dudas que su caso genere en los psiquiatras. Un mismo paciente puede tener hasta seis o siete entrevistas de admisión. Un zoológico donde lo visitan estudiantes de diferentes Universidades y carreras, arrasando su intimidad. Ya está instalado el poder psiquiátrico, aquel que tiene en sus manos la decisión más importante para el paciente: cuando puede irse de este infierno. Es por esto que nunca se niegan a estos interrogatorios. Basaglia lo explica muy claramente cuando dice “en los manicomios cerrados el enfermo pregunta “¿Cuándo vuelvo a casa?”, el médico responde “mañana”. Esta es la respuesta que quien tiene poder da siempre al oprimido.” (4)
Cuando salga de la entrevista deberá apelar a la solidaridad de algún compañero, de los que por suerte nunca faltan, que le cuente medianamente algunas mínimas cuestiones del Servicio. Para conocer las reglas implícitas del mismo siempre estará la irremplazable experiencia del aprendizaje vivencial, cuando por ejemplo un enfermero lo levante a los gritos para insultarlo por cambiarse de cama, o porque no se levantó para tomar la medicación, o porque no se bañó, entre otras cosas. Otro ingrediente de las lógicas manicomiales: la infantilización del paciente, el maltrato y la humillación.
Recordemos parte del Artículo 19 de la ley 448, citado cuando iniciamos estas crónicas delirantes, “Cuando esta deba llevarse a cabo (la internación) es prioritaria la pronta recuperación y resocialización de la persona.” (5) Creemos que quedó más que claro que es indispensable un cambio, y que este cambio se tiene que dar en un marco de lucha política. No nos alcanza con armar “dispositivos parches” para que el manicomio no parezca un manicomio. Sí, lo es, y lo seguirá siendo mientras no se cumpla la ley. Mientras se sigan silenciando estas prácticas aberrantes. Mientras se movilizan diferentes sectores de Salud Mental, dados los despidos encubiertos de los Directores Dr. Slipak y Dr. Cafferatta, y el Borda sigue haciendo oídos sordos. Mientras afuera hay movimiento, adentro se escucha un silencio cómplice, sepulcral. Tan cómplice que habiendo participado y firmado la misma carta que llevó a estos despidos, los Dres. Picasso y Carofile, miraron para otro lado. Creemos que si no se generan espacios de reflexión y acción concretas frente a tantos atropellos de este Gobierno, y de todos los interesados en que todo siga igual seguiremos conviviendo con el poder y la opresión.
[2] Franco Basaglia, “La condena de ser loco y pobre. Alternativas al manicomio”, Ed Topía, Bs As, 2008, p. 85
[3] Salud y Subjetividad pag 47
[4] Franco Basaglia, op. cit, p. 114
[5] Ley de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires (448), op. cit.
Nueva información transmitida por Juan Pundik, Presidente de la Plataforma contra la Medicación de la Infancia y el Prozac:
PREPARÉMONOS PARA DEFENDERNOS DE LA AMENAZA PSIQUIÁTRICA
Bajo el lema, ‘No hay salud sin salud mental’ las Sociedades Españolas de Psiquiatría y de Psiquiatría Biológica han reunido en Madrid, del 20 al 24 de octubre del 2009, el XIII Congreso Nacional de Psiquiatría, evento subvencionado por la industria farmacéutica, del que participaron más de dos mil psiquiatras para debatir los últimos avances en prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales.
"Es esencial tener una buena salud mental para poder tener salud", afirmó Jerónimo Saiz, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), advirrtiendo que "los trastornos mentales constituyen en nuestro país una causa muy frecuente de discapacidad, pérdida de calidad de vida, sufrimiento, aislamiento social, estigmatización y hasta mortalidad por suicidio. Uno de cada seis españoles ha padecido, padece o padecerá un trastorno mental a lo largo de su vida".
José Giner, presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM), explicó que el papel de la psiquiatría en la sociedad actual es cada vez más importante porque influye sobre cualquier dolencia: " La psiquiatría está cada vez más presente. Cuanto mayor es el nivel cultural de la sociedad, mayores son los problemas psiquiátricos".
A pesar del desarrollo en la última década de la investigación en psiquiatría, sería conveniente ahondar aún más en conocer el funcionamiento normal del cerebro. Según Julio Bobes, "tenemos muchos aspectos en neurociencias desconocidos y por tanto consideramos esencial que se dote de más medios de investigación para el conocimiento normal del cerebro y se facilite la investigación de cómo funciona el cerebro y de las diferentes alteraciones que tienen nuestros enfermos afectados de trastornos mentales".
IMPULSAN EN ESPAÑA LA UTILIZACIÓN DE PSICOFÁRMACOS EN NIÑOS
Durante el Congreso se ha desarrollado un Simposio en el que se revisaron los aparentes beneficios y limitaciones que tiene el tratamiento antipsicótico en la población infantil. Aunque en España no se cuenta en estos momentos con datos específicos sobre el uso de psicofármacos en niños, los psiquiatras consideraron necesario aumentar la prescripción de fármacos en la población infantil con trastornos mentales.
La Dra. Mara Parellada, presidenta del Simposio, y que trabaja en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, considera que "en los últimos años ha habido un crecimiento del tratamiento con antipsicóticos en niños y adolescentes, no sólo para tratar patología psicótica, sino también para muchos otros trastornos" advirtiendo que "las indicaciones de las agencias reguladoras no han seguido el mismo ritmo". Reconoció que no obstante se estaba objetivando un creciente uso de los psicofármacos en la población infantil. Agregando que "por un lado, hay estudios que están avalando el uso de psicofármacos en niños y por otro, se está consolidando una mayor confianza en su uso gracias a que disponemos de fármacos con menos efectos secundarios (como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) y por la comercialización de fármacos más seguros (como los nuevos antipsicóticos)". Explicó también que la tasa de indicación de psicofármacos en niños está lejos de aproximarse a la que se registra en otros países avanzados: "en España no hay una sobreutilización de psicofármacos en la infancia, como puede haberla en otras sociedades (como la norteamericana)".
Según los expertos, "tan negativo es tratar de más como de menos; no emplear psicofármacos en niños puede ser imprudente e irresponsable en algunos casos", adviertió esta experta. Uno de los ejemplos más característicos es el de niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH); tal y como reiteran los psiquiatras, arrastrar a lo largo de la infancia y adolescencia síntomas de TDAH sin resolver puede conllevar mayor riesgo de complicaciones a medio-largo plazo, derivados de múltiples fracasos sucesivos, inseguridad, baja autoestima y/o desadaptación.
Tal y como afirma la Dra. Mara Parellada, "los diagnósticos psiquiátricos más frecuentes que se detectan en nuestro medio son los trastornos de ansiedad y los trastornos del comportamiento, en particular el TDAH". Este último es una de las patologías psiquiátricas más prevalentes de inicio en la infancia y es la alteración del comportamiento neuroconductual más diagnosticada en niños de edad escolar. - ".
Según la psiquiatra Parellada ada vez se conocen mejor los factores implicados en el desarrollo de trastornos mentales en niños, lo que también ha motivado una mejora significativa en su abordaje. Su origen depende del tipo de enfermedad psiquiátrica; así, unas dependen más de factores constitucionales (genéticos y de desarrollo cerebral temprano), como la esquizofrenia, el autismo o el TDAH, mientras que otras obedecen más a la interacción de factores biológicos (como el temperamento) y factores ambientales (acontecimientos adversos, relaciones interpersonales tempranas, etc.), como son la ansiedad o la depresión.
Agregó también que aunque los factores sociales influyen en todas las patologías, trastornos como el bipolar, la esquizofrenia o el TDAH dependen en su aparición de influencias más orgánicas o genéticas, afirmando que los expertos apuntan a la escasa disponibilidad de psiquiatras con formación específica para abordar los trastornos mentales infantiles.
Terminó reconociendo que otro déficit por solventar es la falta de estudios realizados específicamente en niños, sobre todo en las fases de desarrollo de los fármacos. Ya que "la investigación se centra fundamentalmente en la población adulta y se busca la aplicabilidad en niños de los fármacos estudiados en personas de más edad. Hay una escasa investigación pensada desde la patología infantil, teniendo en cuenta el cerebro en desarrollo y todos los factores que, tanto positiva como negativamente, puede influir en ese desarrollo".
NO COMMENT
Plataforma contra la medicalización de la infancia
Juan Pundik
Presidente
Los reducidos esquemas del paradigma neuro psicológico bien pueden compararse con la Ingeniería de sistemas, donde los hombres somos máquinas programables, suceptibles de ser modificados mediante un diagrama de flujo. En cierta forma los psiquiatras, neurólogos, psicólogos y médicos en general (no faltará el sociólogo) que apelan al conductismo- ver Skinner-obran como unos tecnócratas de la mente. En cuanto a lo que pensamos los sujetos respecto de ese tratamiento como máquinas , pues, no pensamos mucho; el Tinglado está fuertemente cohesionado y para ello cuentan con efectivos medios de dominación psíquica de masas. Así que de alguna manera estamos programados para consumir; manipulan el deseo hacia ese objeto mercantil; por eso en vez de cuestionar la estadística neuropsiquiátrica, le ofrecemos el rango de verdad absoluta e incuestionable. Es una de las razones por las cuales el mercado de psicofármacos es hoy en día casi tan redituable como el mercado del petróleo. El círculo se cierra en ese punto de consumo: el sujeto se droga, y al hacerlo aliena su historia; y como no creo que pueda haber sujeto sin historia para narrar, pues la subjetividad desaparece, y he ahí que como autómatas, respondemos.
Los Autómatas, 1907. JOSÉ GUTIÉRREZ SOLANA
Hablo de la oscura experiencia de un pequeño pueblo del oriente colombiano donde la fluoxetina se vende como pan caliente y sin fórmula en todas las farmacias. Ahora bien, en este municipio, hay un par de psiquiatras y uno de ellos, el más prestigioso, atiende aproximadamente un 60% de los casos de depresión - cuyo número es alarmante- ; digo esto porque precisamente atiende "casos" no personas, y a todos trata por igual: fluoxetina o paroxetina genérica para los pre pago*, y Seroxat o Prozac en las consultas privadas. Por supuesto, no se toma el trabajo de al menos enterarse que cada uno de sus pacientes es único en su subjetividad. Así que este pueblo está dopado, y al menos en unas cuantas personas que conozco, no ha habido mejoría alguna en tres, cuatro y hasta cinco años de tratamiento químico (ha habido empeoramiento). Cómo no hay mejoría, el psiquiatra en vez de reconocer su yerro, receta sustancias más ofensivas: diazepán, por ejemplo. Si la depresión paraliza al sujeto como actor social y laboral, lo que lógicamente se busca es su inserción en esos colectivos sociales; pero los psicofármacos lo aíslan más; lo anula más.
Empero, el autómata sigue marchando a la oficina- perdón, al consultorio- del psiquiatra; de alguna manera lo ha deificado. El psiquiatra es, al menos, un padre protector, que lo "salva" de tener que pensar, o de enfrentarse a sus miedos, a sus dolores, a sus deseos... Aunque sigan sufriendo horrores inefables, los hombres desprovistos de sus significaciones, ven en el psiquiatra y en sus sustancias químicas, la exoneración total del sufrimiento vital, es decir la exención de tener que chocarse consigo mismo.
Captura del film: "Atrapado sin salida" o "Alguien Voló sobre el Nido del Cuco"
" Para redondear" como en asamblea universitaria, comento que en una charla sostenida con una bella psicóloga, quien además de su sensual boca, y fulgurantes ojos, poseía un discurso muy elaborado que le brotaba con la fluidez de una caída libre de agua, ésta me decía, con gesto dictatorial, pero al tiempo con seductora dulzura - cosa que me recordó ipso facto a la enfermera de " Alguien Voló sobre el Nido del Cuco", escrita por Ken Kesey y llevada al cine por de Milos Forman- que lo primero que sugería a sus pacientes era que dejaran de pensar porque el pensamiento era muy contraproducente. Yo increpé sus ideas , pero esa noche, solo, en mi cama, temí por mi subjetividad...es muy tentador eso de no pensar. La disculpé, haciéndome creer a mi mismo que ella se refería a esos episodios neuróticos donde los pensamientos desbocados, ocasionan terremotos emocionales y entonces el sujeto tiene que ponerle riendas a los mismos.
Pero dormí y desperté más "sensato" y de inmediato, me puse a pensar. Me avergüenzo ahora pensando como seduce eso de no ser sujeto, eso de no pensar, de no actuar... la muerte es muy seductora sin duda alguna...
*En Colombia el sistema de prestación de servicios de salud es controlado por las Entidades Privadas prestadoras de salud ( E.P.S) cuyo respeto al Derecho Fundamental a la Salud, a diario se pone en entredicho. Popularmente se le conoce como " salud pre-pagada".
Condenan a Paul Schafer por someter a menores de edad en Colonia de la Dignidad.(Foto:archivo)
En la actualidad, en la Colonia Dignidad viven alrededor de 200 alemanes y algunos chilenos.(Foto:archivo).
Schafer Schneider fue detenido en marzo de 2005 en Buenos Aires, Argentina, luego de estar prófugo desde 1997 y fue extraditado al país tras una intensa búsqueda por parte de la justicia chilena.
El juez chileno, Jorge Zepeda, notificó este viernes a Paul Schafer Schneider, quien fue líder de la desaparecida Colonia Dignidad, de la sentencia de tres años y un día de presidio, por ser autor del delito de lesiones graves en contra de ocho menores de edad sanos.
Paul Schafer fue líder de la Colonia Dignidad, fundada por él en 1961. Ésta funcionaba como un gran campo de concentración, de unas 15 mil hectáreas, donde el régimen dictatorial de Augusto Pinochet ejercía torturas según testimonios de sobrevivientes.
En la actualidad, en la Colonia Dignidad viven alrededor de 200 alemanes y algunos chilenos.
Según consta en el expediente de la causa, las víctimas de estos tratamientos eran jóvenes alemanes, pertenecientes al grupo de niños que emigraron desde Alemania a Chile, entre 1961 y 1963, y quienes estuvieron bajo el mando de Schäfer.
Schafer ordenó que estos menores fueran separardos de sus padres para luego someterlos a tratamientos con psicotrópicos, electro shock en sus cuerpos, asilamientos y otros abusos físicos y mentales, a pesar de la condición de estos niños y jóvenes era normal.
De este modo, se notificó de la sentencia a fin de que se proceda al cumplimiento efectivo de la sanción en la Cárcel de Alta Seguridad Chilena (CAS).
Esta es la segunda condena que debe cumplir Schäfer, pues actualmente cumple la que le impuso el ministro Zepeda a raíz del arsenal de armas encontrado en Colonia Dignidad en 2005.
Schafer Schneider fue detenido en marzo de 2005 en Buenos Aires, Argentina, luego de estar prófugo desde 1997. Fue extraditado al país tras una intensa búsqueda por parte de la justicia chilena, la cual fue encabezada por el ministro Hernán González, quien lo procesó y sentenció por abusos sexuales contra varios menores.
Además de las acusaciones por violación, Schafer de 91 años de edad fue sometido a proceso por el delito de asociación ilícita, junto a otros 18 dirigentes de la Colonia de la Dignidad, ya que según avaló el ministro Jorge Zepeda, el recinto germano funcionó como cárcel clandestina de la policía secreta del dictador chileno Augusto Pinochet en 1973.
Más sobre la aberrante administración de psicofármacos a niños. En Argentina algunas farmacéuticas distribuyen folletos en colegios invitando a usar metilfenidato (droga que conocemos mejor por su nombre comercial: ritalin) en una suerte de campaña publicitaria por demás anti ética. Empero, en el país austral se he iniciado un profundo debate sobre la medicación innecesaria, los intereses económicos en juego y los efectos adversos del uso generalizado del psicofármaco para niños, tanto en la salud física y psíquica de los menores abusados (drogar a un menor cuya única prueba de que padece un trastorno es que no atiende a clase, debe llamarse, así, a secas: ABUSO INFANTIL) como en la sociedad en general. Un abogado ya incoó una acción jurídica para tratar de frenar la violación de los derechos de los niños, a quienes con metilfenidato (alias ritalin) les están impidiendo un sano y equilibrado desarrollo afectivo, emocional e intelectual.
A continuación se trancribe una Artículo al respecto aparecido en la web: POTLATCH
Síndrome de déficit de atención: sobremedicación
El aumento de los casos de niños en edad escolar que son derivados por el Síndrome de Déficit de Atención (ADD) en Argentina para un tratamiento farmacológico preocupa a pediatras, psicólogos, psicopedagogos y psiquiatras quienes piden mayor control por parte del Estado, consignaron fuentes médicas. "Alertamos varias veces sobre el incremento de sobrediagnósticos de ADD en niños en edad escolar y preescolar por parte del personal docente y, como consecuencia de ese hecho, de la sobremedicación de metilfenidato -la droga empleada en esos casos- en los niños", denunció a la agencia Télam Silvia Morici, de la Sociedad Argentina de Pediatría.
La psicóloga, quien integra el Comité de Salud Mental y Familia de la SAP, aseguró que "estamos ante un problema grave, del que son concientes la mayor parte de los profesionales de la psicología y muchos pediatras y neurólogos".
Por ese motivo, "el año pasado acordamos un documento que fue presentado ante el Ministerio de Salud de la Nación en el que reclamamos que se profundice en el estudio del síndrome, se alerte por los sobrediagnósticos de ADD y por los efectos secundarios de la medicación, así como las conductas adictivas que producen en los niños", señaló Morici.
Por su parte, la especialista Alicia Gamondi, quien coordina un posgrado de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) opinó que la tendencia "responde a la tendencia de encuadrar al chico dentro de lo que exige el sistema mediante la medicalización de la infancia y obedece a una corriente norteamericana que beneficia a los laboratorios y que en la actualidad es resistida por los especialistas europeos", explicó Gamondi.
"La sobreexigencia de padres sobre sus hijos y la presión escolar de alto rendimiento que se repite en colegios de todo el país es uno de los contextos donde germina esta tendencia", puntualizó la psicóloga.
"Los pediatras empezaron a ver que el metilfenodato no sólo no solucionaba la (conducta) conflictiva del niño en la escuela sino que produce trastornos endocrinológicos, glandulares, cardíacos, entre otros trastornos, como insomnio y depresión", dijo Gamondi.
Según relató la especialista, "muchos docentes y personal de gabinete de algunos colegios diagnostican sin estar facultados y los padres ven en esta opción de tratamiento la resolución de un aspecto sensible para ellos: "los miedos ante el éxito o fracaso de sus hijos y al riesgo de quedar excluidos del sistema".
Por su parte, Irene Loyácono, directora del Centro de Terapia con Enfoque Familiar (CETEF), aseguró que "la falta de atención es un síntoma que puede aparecer por distintos motivos o responder a distintos cuadros clínicos, por eso, tratarlo como si respondiera a una sola causa no es más que una aberración".
"Existen trastornos de desarrollo neurológico que originan hiperactividad, comportamiento impulsivo y problemas de atención y se indica un tratamiento psicotrópico pero no es el caso de la mayoría de los chicos", dijo Loyácono. "Los laboratorios mandan cartillas a los colegios para crear la demanda de psicofármacos", aseguró Loyácono.
En este sentido, ayer se conoció una demanda para que se prohíba el suministro de psicofármacos a niños en establecimientos educativos de nivel preescolar y primario, que fue presentada ante la justicia en lo contencioso administrativo.
La demanda, presentada por el abogado Gregorio Dalbón "en nombre de un grupo de padres", consignó que "actualmente" y en "diferentes institutos educativos nacionales de nivel preescolar y primario" a los alumnos que "no atienden en clase" se les hace un diágnóstico "carente de verdadero rigor científico" y se los medica "con drogas de uso legal para cuadros complicados de salud".
Una buena amiga, docente de un centro educativo ubicado en una zona "urbano-marginal" de un deprimido municipio del nororiente colombiano, me comentó hace poco que el año pasado cierta ONG convocó a una reunión extraordinaria a todo el cuerpo docente de su Institución. El tema era claro: el control de los estudiantes - niños-con "hiperactividad y déficit de atención"; los profesores acudieron a la charla ciertamente esperanzados en aprender a atender casos problemáticos de niños que demostraban comportamientos violentos y actitudes poco adecuadas para su edad, dadas las lamentables condiciones de vida que tiene que soportar(vale decir, los docentes tiene identificadas varias causas sociales ya que se involucran con el medio donde los estudiantes se desarrollan).Buena parte del colectivo estudiantil procede de otras regiones como producto del destierro oprobioso que sufrieran a manos de grupos armados al margen de la ley- en ocasiones con anuencia de sectores dentro de la ley- , léase: Desplazamiento Forzado. Los núcleos familiares de los menores desplazados son generalmente disfuncionales, fragmentados y violentos, las condiciones económicas, deplorables; su alimentación no es la más sana, carecen de espacios y programas de recreación, habitan en brutal hacinamiento con todos sus familiares en minúsculas y poco higiénicas habitaciones y para rematar son estigmatizados y despreciados por las "gentes de bien".
Teniendo en cuenta el anterior cuadro anómalo familiar, social y cultural- me decía mi buena amiga- es apenas comprensible que los niños sean tan inquietos y virulentos; de plano, los niños que cuentan con una familia armoniosa y han sido tratados con amor y respeto también son inquietos sencillamente porque son niños, "mucho más agresivos han de ser esos niños a los que les han robado su niñez".
Así que los docentes supusieron que iban a recibir una fructífera charla de manejo psico-social y psico-afectivo de los problemas de atención y agresividad antes referidos, pero no fue así; los ilustrísimos "expertos" de la ONG DESESTIMARON OLÍMPICAMENTE EL CONTEXTO VIOLENTO EN EL QUE SE ESCENIFICA EL CRECIMIENTO DE LOS NIÑOS y su condición de víctimas del conflicto interno armadopara aducir tan sólo una explicación genética. Bueno es decir que, según estosprofesionales maestrados,esos niños están "predestinados" a ser criminales, sicarios y prostituta/os; que en cierta forma son culpables de sus comportamientos "desviados" por tener los genes ruines que tienen, y que por ello han de ser castigados excluyéndolos, doblegando su ánimo, idiotizándolos, engañándolos, negando su dignidad, y desde luego, su futuro.
El instrumento de castigo: unas pastillas. Conminaron a los docentes a diagnosticar casos de hiperactividad y medicarlos. Sería la solución mágica para deshacerse de la incomodidad de un niño "hiperactivo" en clase; solución por demás, disciplinaria. Ritalín, la indicada. La solución según los profesionales de la ong es dopar infantes, frenar su desarrollo emocional, alterar su psique, en últimas, abusar de la niñez.
En ese Centro docente, en el que se sabe que con el respeto a los Derecho de los niños, con la satisfacción de sus necesidades básicas -en especial, una correcta nutrición y una vivienda digna-, y con atención psicológica seria y humana en su comunidad, pueden los niños seguir siendo niños, los profesores decidieron no acoger la recomendación de dopaje infantil. La dura tarea de aplicar una pedagogía que no le de la espalda al conflicto y que en cambio lo integre a los contenidos curriculares, es la guía que siguenlos docentes del barrio "urbano- marginal".
Sin embargo no constituye secreto de Estado, que en múltiples colegios del mundo se aplica el castigo ritalínico y que los gobiernos han omitido al menos debatir, las implicaciones sanitarias y sociales del caso. Alienar con psicofármacos la conciencia en desarrollo de un niño, ha debido suscitar más de una nota en los medios de información, mas lejos de ello, han popularizado el término "hiperactividad", la supuesta "enfermedad" que han puesto de moda en el último lustro. Anteriormente a un niño muy enérgico se la llamaba "inquieto" hoy se le etiqueta con el tecnicismo: "hiperactivo".
Convertiren autómatasa los niños que de forma inconsciente están tratando de expresar un "algo molesto" a través de su inquietud física no puede llamarse de otra forma que fascismo; una suerte de fascismo farmacéutico. No se incurriría en exageración alguna si se precisa que el suministro de sustancia psicotrópicas (legales, valga lo curioso del dato), es una forma de trato cruel e inhumano si se observa que se están violando los derechos humanos al libre desarrollo a la personalidad, a la vida digna, a la salud, etc. Más cruel si se observa que los sometidos son niños que probablemente ya han sido víctimas de acontecimientos crueles, inhumanos y degradantes, años atrás.
¡Alerta! ¡Niños zombie a la vuelta de la esquina! Después de todo no es muyfantástica la historia de Indiana Jones en el templo de la Perdición, donde los niños eran esclavizados previa ingesta de una sustancia psicoactiva…
Nota: sobre estudios y documentos que informen sobre los efectos nocivos depsicofármacos en niños se hablará en próximosentradas.
Reiteradamente se trata en esta Web, y en distintos medios de comunicación, sobre el problema de las enfermedades mentales de los miembros de la Obra y sobre los psiquiatras del Opus Dei que los atienden. De los veintitrés años que estuve en la Prelatura, los trece últimos los pasé enferma de depresión. Para ahorrarme el dolor de su recuerdo preferiría no hablar sobre este tema, ni rememorar la época y circunstancias en las que se desarrolló mi enfermedad, mas considero que debo vencer mi rechazo y escribirlo porque puede ayudar a alguien que ahora esté pasando por algo parecido a lo mío. De todo lo que voy a hablar a continuación tengo nombres y demás datos que lo corroboran, pero prefiero no citar ni a las personas ni los lugares que las pondrían evidencia porque quiero que el árbol no tape al bosque: que se le achaquen a esos sujetos, a título individual, algo que puede ser frecuente en la Obra.
Me hice agregada del Opus Dei a los 19 en un centro de chicas jóvenes en donde permanecí los primeros diez años...
Durante esa época fui una muchacha vital, alegre, llena de entusiasmo, con la risa pegada a la cara... y lo fomentaba el ambiente de juventud de aquel centro que continuamente me mantenía ocupada. Aunque no todo el monte fue orégano y pasé por temporadas en las que pensaba que aquello no era lo mío; por ejemplo, cada 19 de marzo, en el que tenía que renovar un año más en la Obra, yo me resistía e iba precedido de un tremendo darme la lata para que lo hiciera, pero a pesar de todo guardo gratos recuerdos de aquel entonces en donde, por lo menos, no sentí nada de soledad.
El tiempo pasó, las directoras debieron especular que a mis 29 años ya era hora de trasladarme a un centro de mayores y lo hicieron de la noche a la mañana. Para mí fue como entrar en otra dimensión. La casa nueva está situada en una zona noble de Madrid, de techos altos, oscura, sin un ápice de la algarabía del lugar que acababa de dejar y las numerarias que lo habitaban y las agregadas... Bueno, para que os hagáis una idea de la edad y circunstancias de esas mujeres os relato el comentario que le hice a la directora cuando terminó de enseñármelo, le dije: “Oye, y de entre todas las de este centro ¿hay alguna que sea joven o que no esté enferma?”.
Y aquel cambio de centro fue mi encuentro con la soledad de la Obra y su indiferencia hacia mí. Antes llenaba los fines de semanas con excursiones u otros planes apostólicos, ahora, con mis amigas y compañeras casadas y atendiendo a sus familias, me tenía que conformar con estar sola en la casa de mis padres y, como mucho, yendo a dar un paseo con mi madre o a merendar con una vecina. Durante el resto de la semana todo el contacto con mi “familia” de la Obra consistía en ir una tarde al centro en donde, sin pausa alguna, asistía al circulo semanal, hacía la charla (dirección espiritual), el movimiento económico (en donde se le entrega a la secretaria el sueldo mensual y sacas lo necesario para tus gastos) y me confesaba.
Para llenar el vacío que sentía me volqué en el trabajo, al que aumenté tanto el tiempo como la intensidad de mi dedicación.
En algo menos de un año ya era otra persona: seria, circunspecta, mordaz en los comentarios y sobre todo una mujer muy triste. Las directoras me debieron ver mal y acortaron la fecha de mi revisión médica anual (todos los de la Obra han de pasarla cada año con un facultativo del Opus Dei) y en un principio fui tratada por él con ansiolíticos para mandarme a los pocos meses a una psiquiatra que es supernumeraria, quien me diagnóstico depresión bipolar. En los trece años que fui su paciente ha empleado conmigo todo el arsenal farmacológico posible. Entre otros efectos, sus tratamientos me han provocado un hipotiroidismo permanente causado por el litio (del que me he de medicar de por vida); alucinaciones que comenzaron con una nueva medicación y cesaron al quitarla, mareos; dormir durante largos periodos de tiempo, que en una ocasión llegó a tres días seguidos; permanecer ingresada un mes en una clínica psiquiátrica y un largo etcétera que el lector puede imaginar.
Desde el comienzo de esa tristeza y pérdida de ganas de vivir me fue asaltando la idea de que mis males se podrían solucionar dejando la Obra, pero varios condicionantes me imposibilitaron hacerlo:
1 – La absoluta confianza que tenía depositada en las directoras, quienes me afirmaban que lo mío era seguir en el Opus Dei, que fuera de él sería una desdichada, que tenía que dejar de pensar en mí y ofrecer con alegría mi enfermedad (es del todo imposible que un depresivo pueda ofrecer con “alegría” su mal, ya que entonces no sería depresivo), etc.
2 – Porque en la depresión me era muy costoso (casi imposible) tomar decisiones.
3 – Porque me impedían oír otras opiniones (ir a médicos objetivos, no ligados a la Obra) o valorarlas cuando me las daban (por ejemplo, mis padres, con quienes vivía, me dejaban caer que fuera de la Obra estaría mejor), ya que entonces las directoras me contaban que esos consejos eran humanos, no sobrenaturales, las tentaciones de las que el Demonio se vale al usar a nuestras familias como obstáculo en nuestra vocación.
Poco a poco, se me fue haciendo imposible seguir el plan de vida de la Obra: me dormía en la oración, por mi trabajo no podía ir a misa por la tarde y por la mañana no había quien me pudiera sacar de la cama media hora antes de lo necesario, y así ocurrió con el resto de las normas que, por otra parte, cada vez me producía más ansiedad hacerlas, por lo que al cabo de unos años tan sólo iba a misa los domingos y me confesaba semanalmente.
A los veinte años de estar en Obra y a los diez de ser la paciente de esa psiquiatra, su tratamiento continuado hizo sus efectos y, aunque no bien, por lo menos estaba estabilizada: trabajaba doce horas al día, iba el miércoles al centro (tal y como indiqué antes) y el resto del tiempo me lo pasaba durmiendo (los días de diario llegaba a casa, cenaba y me acostaba hasta la mañana siguiente; de viernes por la noche a lunes por la mañana lo empleaba en estar en la cama, salvando el tiempo imprescindible para las necesidades biológicas, ir a misa, y dar un paseo con mi madre). A partir de entonces la idea de dejar la Obra fue creciendo en mí y las directoras siguieron en sus trece de que lo mío era morir en el Opus Dei.
Hago un inciso. Si alguien se encuentra en un estado en el que su corazón le grita que debe dejar la Obra, por experiencia personal puedo decirle que lo primero que debe hacer es considerar que sus directores no son sus amigos sino unos fanáticos del Opus Dei, que permitirán y ayudarán a que se muera dentro hecho jirones antes de dejarle abandonar la Obra. Y lo segundo, y como consecuencia de lo anterior, es que la primera obligación de esa persona ante si misma y ante Dios (porque Él si que te ama, tanto a ti como a tu salud) es la de ocultar a los de la Obra sus pensamientos y pesquisas para dejar el Opus Dei hasta que llegue el momento en el que se tengan los recursos necesarios para poderse ir.
Como antes conté, a los diez años de enfermedad y tres antes de dejar la Obra, me encontraba estabilizada y cada vez con más ganas de marcharme del Opus Dei, lo que les repetía a la directora y al sacerdote asignado, quienes a su vez reiteraban su postura de que me mantuviera dentro. Al cabo de un año de ese tira y afloja (las directoras eran quienes tiraban, a mi me correspondía tan sólo aflojar) me comenta la psiquiatra que me convenía recibir una terapia de electroshock, sin explicarme muy bien el porqué. Vuelvo a repetir que yo me encontraba bastante bien pero, como siempre, me dejé llevar y me aplicaron seis sesiones. Por la mañana de seis días seguidos, antes de trabajar, fui a la clínica en donde me dormían para aplicarme después el electroshock.
Tiempo después leí que el electroshock es una práctica casi en desuso, que se utiliza fundamentalmente para romper circuitos cerebrales viciosos. Por ejemplo, alguien tiene la obsesión de suicidarse y la corriente eléctrica que se aplica con el electroshock rompe las conexiones neuronales que la mantienen, permitiendo así que el paciente olvide esa tendencia. Pues bien, cuando me lo aplicaron, mi única “obsesión” era la de dejar el Opus Dei.
Tras recibir ese tratamiento no encontré mejoría alguna. pero si una consecuencia muy molesta: perdí la memoria de periodos y circunstancias de mi vida que desde entonces tan sólo puedo recuperar, con esfuerzo, si alguien me los recuerda. Y yo me pregunto: ¿Cuánto será lo realmente olvidado que desconozco porque no me lo recuerda nadie? ¿Cuántas cosas habré olvidado con imposibilidad de recuperarlas porque tan sólo las conocía yo?
Si se tiene una muela infectada, los calmantes, antibióticos contra la inflamación, etc., tan sólo son parches para mejorar temporalmente el estado de salud, pero lo único que realmente puede curarlo es hacer desaparecer la caries que produce el mal. De la misma manera, la Obra era la causa que provocaba mi depresión y todos los tratamientos que me aplicaron durante trece años fueron composturas ineficaces para la mejoría definitiva, que tan sólo se produjo cuando estabilicé mi vida fuera del Opus Dei.
Creo que lo que me daba una cierta estabilidad con respecto a la depresión era precisamente el deseo cada vez mayor de irme de la Obra. Pienso que al enfrentarme a la verdadera razón de mi mal y al poner los medios de que disponía para dejarlo fue lo que precisamente me inyectó vitalidad. El caso es que mis ganas de dimitir en la Obra aumentaron durante el año siguiente a la aplicación del electroshock, pero continuaba careciendo de los recursos interiores necesarios para llevarlo a cabo. Según la imagen de futuro que vaticinaban mis directoras era muy dura la vida que me esperaba fuera del Opus Dei: sin familia, con cuarenta y dos años, con una gran enfermedad, con padres muy mayores, sin amistades y, por si fuera poco, jugándome la salvación eterna por decirle a Dios que no en un don tan valiosísimo como es la gracia de la vocación a la Obra.
Pero, ¡hete aquí!, que hace poco más de un año (mayo de 2004), por casualidad descubro esta web. Leo con admiración como no soy la única persona a la que le ocurren estas cosas, sigo a Carmen Charo en su testimonio y cómo tan sólo mejora cuando deja el Opus Dei, me empapo de los correos diarios, de los documentos que figuran en “Tus escritos”... e, ¡ilusa de mí!, lo cuento en la charla de la semana siguiente. Me contestan que debo dejar de acceder a esta web, pero para entonces ya se me “habían abierto lo caminos divinos de la tierra” y sigo entrando en ella; lo cuento de nuevo, me contestan que si continúo leyéndola he de hablar con un sacerdote de la Delegación y, por la cara que puso quien llevaba mi charla, le pregunté si lo que estaba haciendo era algo muy grave y me respondió que sí. Pero ya era imposible pararme, así que ni fui a ver a ese sacerdote ni volví más al centro. Escribí a los orejas expresándoles mi deseo de contactar con alguien que me pudiera ayudar y tuve encuentros con algunos exmiembros. Ya me hallaba con la fuerza necesaria para dejar el Opus Dei. Saqué el propósito de no volver a pisar un centro de la Obra, por lo que quedé una tarde en una cafetería con la agregada que llevaba mi dirección espiritual y le entregué la carta de dimisión al Opus Dei.
Cambié de psiquiatra (por supuesto no del Opus Dei) y después de varias consultas me dio la buena noticia de que no padecía depresión bipolar, sino que mi estado depresivo se debía al ánimo triste normal de cualquier persona, que se desborda hacia la enfermedad cuando se halla sometida a una gran soledad y al intenso estrés de carecer de esperanza para salir de ella, por lo que la desaparición de las circunstancias que lo provocan (en mi caso dejar la Obra) llevaría de nuevo a la salud. Y, en efecto, así ha ocurrido.
A mediados de agosto conocí a quien ahora es mi marido (nos casamos unos meses después), a final de ese mes me llamaron de delegación contándome que el Padre no me daba la dispensa en espera de que me lo pensara mejor y les respondí que como tardaran mucho en dármela corrían el riesgo de que contrajera matrimonio sin estar dispensada, y cinco semanas más tarde, por fin, fui eximida de pertenecer al Opus Dei.
Junto a la Obra también se fue de mi vida la depresión de la que llevo más de un año sin presentar ningún síntoma, a pesar de que el nuevo psiquiatra me ha retirado, poco a poco, gran parte de la medicación (ya que no puedo abandonarla de golpe por el efecto rebote que me provocaría tras haberla estado tomando durante tantos años), siendo su idea la de acabar suprimiéndomela del todo.
Y aquí finaliza mi testimonio, que se corresponde con este presente en el que lo termino.