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viernes, 7 de mayo de 2010

LA INFANCIA BAJO ABSOLUTO CONTROL:OPRESIÓN DE MENORES

Hola a todos; pido disculpas por la prolongada ausencia de este blog; espero actualizarlo cuanto antes; por lo pronto comparto un artículo enviado por el Dr Juan Pundik, presidente de la Plataforma contra el Prozac y la Medicalización de la infancia, a través del cual se alerta sobre  los abusos infantiles  a que habría lugar si se adopta  legalmente " la creación de un carné de comportamiento que serviría para realizar un seguimiento del pequeño que, en caso de no ajustarse a los criterios de normalidad del Gobierno de turno, debería ser modificado con fármacos."

La infancia bajo control
¿NIÑOS DELINCUENTES?

El viernes 30 de abril a las 22.30 y el sabado 1 mayo de 2010 a las 10:50 se proyectó por el canal ARTE + 7 de la TV francesa una película de 52´ de duración, La infancia bajo control, realizada en Francia por Marie-Pierre Jaury, en 2009, que sale al paso de un informe del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia), del 2005, titulado "Los trastornos del comportamiento en el niño y en el adolescente", en el que presumían haber llegado a la conclusión de que era posible predecir que un niño travieso o desobediente pudiera llegar a convertirse en delincuente en la edad adulta y en consecuencia recomendaba detectar cualquier posible alteración en su comportamiento desde la guardería, para evitar que se convirtieran en futuros criminales. Entre los rasgos infantiles que permitirían predecir al criminal del futuro están la agresividad, el cinismo, la escasa docilidad o el bajo índice de moralidad. El informe fue utilizado como base de un anteproyecto de ley sobre la prevención de la violencia que preveía la creación de un carné de comportamiento que serviría para realizar un seguimiento del pequeño que, en caso de no ajustarse a los criterios de normalidad del Gobierno de turno, debería ser modificado con fármacos.

Afortunadamente el informe y el anteproyecto de ley provocaron una revuelta de numerosos pediatras, psicólogos psicoanalistas e intelectuales, y de muchas de sus instituciones, que acusaron al INSERM de querer promulgar la vigilancia generalizada  de los más pequeños,desde la edad de 3 años, bajo la influencia de la psiquiatría conductista anglosajona, legitimando así una ideología  "de la seguridad" que está en plena expansión. Una ideología fascista que pretende delirantemente localizar desde la primerísima infancia a los futuros delincuentes potenciales con el fin de prevenir lo que un diputado ponente denominó sus "comportamientos desviados". Una peligrosa manera de ver las cosas que ya está determinando las politicas sanitarias y sociales en países como Canada, Alemania y Gran Bretaña. La premisa de la que parten es que la delincuencia es una enfermedad reconocible desde la temprana infancia. de manera que los gobiernos con el apoyo de las neurociencias y de la psiquiatría deben poner a la infancia bajo estricta vigilancia.

Para las neurociencias a cada trastorno  le correspondería su detectable y comprobable molécula. La etología, la neurobiología y la genética se dedican a investigar las causas fisiológicas de los comportamientos "antisociales". Cada vez  se utilizan tests más irracionales para diagnosticar más precozmente la "anormalidad" de los ataques de cólera, de las angustias, depresiones, hiperactividad o de las dificultades para concentrarse de los niños. El objetivo es curarlos con diversos medicamentos, que la perversa industria farmacéutica aconseja, y que les son  administrados a los niños cada vez más frecuentemente, como el Prozac (fluoxetina), paroxetina, Ritalina (metilfenidato), ansiolíticos, antipsicóticos y antiepilépticos. Sustancias todas con reacciones adversas y consecuencias catastróficas. Apoderarse de objetos, no prestar atención, desobedecer, mentir y soltar agresividad se identifican como síntomas de esos "trastornos del comportamiento" clasificados por la biblia de la psiquiatría americana, el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico), entre más de 400 patologías.

Con claridad y concisión, la película entrevista a investigadores y profesionales de los diferentes países a los que esto concierne (también de Suiza y Bélgica) y escuchando los argumentos de ambas partes, intentan alertar sobre las falsas raíces científicas de esta totalitaria política de control y sus posibles consecuencias. (Agradecemos a Isabel Nuñez Salmerón la información sobre la emisión de la película)
En la sociedad planificada que describe, el psicólogo de Harvard, B. F. Skinner, creador del conductismo, el control de los seres humanos desde la infancia sería tan 'científico' que no se producirían disidencias con el orden establecido: "Podemos lograr un tipo de control bajo el cual las personas controladas, aunque estén siguiendo un código inimaginable en el sistema antiguo, se sientan, a pesar de todo, libres. Están haciendo lo que quieren, no lo que se les obliga. Esta es la fuente del tremendo poder del refuerzo positivo: no hay restricción y no hay rechazo. Mediante un cuidadoso plan cultural, no controlamos la conducta final, sino la inclinación a conducirse: los motivos, los deseos, las aspiraciones. Lo curioso es que, en ese caso, nunca se suscita la cuestión de la libertad". (Walden 2)
Los profesionales que practican los TCC (Tratamientos Cognitivo Conductuales), los psiquiatras y los neurocientíficos se han constituido en la vanguardia ideológica de los que quieren controlar y someter nuestras vidas, nuestras conductas, nuestro pensamiento, nuestras elecciones y nuestros deseos a los intereses de los sectores dominantes. No todos los pertenecientes a las profesiones enumeradas, pero sí una gran mayoría. Aunque puedan no ser conscientes de ellos. El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
 PLATAFORMA INTERNACIONAL CONTRA LA MEDICALIZACIÓN DE LA INFANCIA
Juan Pundik
Presidente
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martes, 2 de febrero de 2010

CLINICAS DE CONCENTRACIÓN

Nuevamente  difundo información de El Diván acerca de  las relaciones de la psiquiatría con la dominación política:

Psiquiatría y Nazismo

Reenvio la nota principal sobre la relación entre psiquiatría y nazismo del Dr Daniel Navarro, acompañada de dos subnotas, publicadas hoy en el diario Pagina12. Una es tambien del Dr Navarro, ratificando lo denunciado oportunamente por Verónica Hollmann y Pedro Iribarne, respecto de prácticas manicomiales en el Hospital Borda, y que diera lugar a la inmediata "expulsión" de ambos, del hospital, y la segunda, del Dr Raul Zaffaroni (miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación), haciendo aportes sobre la nota principal.
Angel B.
Psicología|Jueves, 10 de diciembre de 2009

Relaciones entre psiquiatría y nazismo
Clínicas de concentración
 El autor examina cómo los campos de concentración y de exterminio, lejos de ser una irrupción de la barbarie en la civilización moderna, tuvieron su fundamento en desarrollos científicos prevalentes y cómo encontraron brazos ejecutores en profesionales de la medicina y, particularmente, de la psiquiatría.
Por Daniel Navarro *
Para desarrollar el concepto de “vida indigna de ser vivida”, en pos de una política eugenésica, el nazismo se valió de la lógica científica, en cuyo marco teórico se legitimaron las esterilizaciones y la eutanasia de los “anormales”. Esta lógica científica establece categorías clasificatorias propias del biologicismo (positivismo) como “asocial”, “degenerado”, “anormal”. Las consecuencias conducen a la segregación y en ocasiones al asilamiento. Michel Foucault señala un claro vínculo entre la teoría biológica del siglo XVIII y el discurso del poder. El evolucionismo –entendiendo como tal un conjunto de ideas que incluyen las jerarquías de determinadas especies, la lucha por la vida de las especies, la selección natural, que elimina a los inadaptados– en el siglo XX sirve para transcribir en términos biológicos el discurso político, para ocultarlo en un ropaje científico y, fundamentalmente, como una manera de pensar las relaciones de la colonización, la necesidad de las guerras, la criminalidad, los fenómenos de la locura y la enfermedad mental, la historia de la sociedad con sus diferentes clases. En definitiva, el evolucionismo se convirtió en un pensamiento único, que invadió la medicina y el derecho.
A su abrigo se construyeron la criminología y la medicina legal, donde el positivismo se constituyó como cuerpo científico e ideológico pleno. Los positivistas van a ocupar las cátedras de medicina legal en las facultades de medicina, controlando de esa manera la formación ideológica de los médicos legistas y por ende de los diversos cuerpos médicos forenses de los aparatos judiciales. Señala Foucault que la psiquiatría necesita destacar el carácter específicamente peligroso del loco. Para funcionar le fue preciso establecer la pertenencia esencial y fundamental de la locura al crimen, y del crimen a la locura. Esta pertenencia es una de las condiciones de constitución de la psiquiatría como rama de la higiene pública.
La psiquiatría, entonces, se constituye como saber científico específico encargado de diagnosticar los probables peligros sociales que acarreaban los enfermos mentales; de allí su necesidad de unir enfermedad mental y peligrosidad, ubicándose como saber técnico indispensable para el funcionamiento y el orden social. Propone que todo portador de una anormalidad es también portador de un peligro para la sociedad: se requieren entonces instrumentos para limitar y cercar este peligro, y surgen las instituciones destinadas al alojamiento de los anormales: manicomios, cárceles, institutos de menores. En esta asignación de tareas, la psiquiatría va a ocupar un lugar de importancia en proveer funcionarios del control social.
Paralelamente a la construcción social del loco como sujeto atávico y peligroso, se constituye el modelo de la peligrosidad, que será utilizado para el “diagnóstico” de la peligrosidad de “locos”, “niños anormales”, “vagabundos” y todo aquel que ponga en peligro el orden social establecido.
Giorgio Agamben sugiere: “El campo de concentración es el paradigma mismo del espacio político en el punto en que la política se convierte en biopolítica y el homo sacer se confunde virtualmente con el ciudadano. La pregunta correcta con respecto a los horrores del campo no es, por consiguiente, aquella que inquiere hipócritamente cómo fueron posible en ellos delitos tan atroces en relación con seres humanos; sería más honesto, y sobre todo más útil, indagar atentamente acerca de los procedimientos jurídicos y los dispositivos políticos que hicieron posible llegar a privar tan completamente de sus derechos a unos seres humanos, hasta el punto de que realizar cualquier tipo de acción contra ellos no se considerara ya como un delito” (Homo Sacer, I; Editora Nacional, Madrid, 2002).
Los nazis llevaron adelante un programa eugenésico elaborado por médicos ávidos de clasificar y diagnosticar rasgos humanos interpretados como anormales. El destino de los clasificados sería la exclusión y la eliminación. El marco jurídico convirtió lo atroz en legal. Muchos médicos nazis lograron eludir la acción de la Justicia y continuaron ejerciendo posteriormente su profesión. Por ejemplo, Carl Vaernet, quien, concluida la guerra, logró escapar con ayuda de los gobiernos danés y británico y vivió en la Argentina desde 1950 hasta su muerte, en 1965.
Vaernet instaló una clínica en la calle Uriarte, del barrio porteño de Palermo, dedicada a la “curación de homosexuales”. Allí realizó tratamientos a numerosos adolescentes cuyos padres no admitían sus inclinaciones sexuales: les insertaba en la ingle una glándula artificial, metálica, que segregaba dosis constantes de testosterona, en la expectativa de cambiar la orientación sexual del sujeto.
La medicina nunca analizó profundamente y con suficiente espíritu crítico su responsabilidad en la génesis de los conceptos biopolíticos del nazismo; algunos pocos médicos alemanes muy involucrados en prácticas homicidas fueron juzgados y condenados, y de esa manera se cerró la discusión.
Señala Agamben: “Es importante hacer notar que, contrariamente a un difundido prejuicio, el nazismo no se limito simplemente a utilizar y a distorsionar para sus propios fines políticos los conceptos que le eran necesarios; la relación entre la ideología nacionalsocialista y el desarrollo de las ciencias sociales y biológicas del momento, en particular de la genética, es más íntimo y complejo, y a la vez inquietante. Lo que aquí nos interesa especialmente es, sin embargo, que en el horizonte biopolítico que es característico de la modernidad, el médico y el científico se mueven en esa tierra de nadie en la que, en otro tiempo, sólo el soberano podía penetrar”. 
El campo de concentración no fue una excepción al Estado moderno, sino que el estado de excepción está en la base de las políticas concentracionarias. La política occidental se funda en la construcción de un sujeto a excluir, eliminable. En este sentido, la medicina se constituye como aliado indispensable para llevar adelante la biopolítica de nazismo y de todo Estado moderno. Al contribuir al diseño del sujeto a excluir, la medicina se convierte en una herramienta fundamental en la construcción de la sociedad, adquiriendo un carácter profundamente ideológico. Su saber científico será puesto al servicio del Estado Nacionalsocialista para la elaboración de un aparato que sustente y justifique acciones de la más diversa índole, incluso y fundamentalmente policiales, penales y represivas. Especialmente la psiquiatría y la genética se constituyen como un saber que aporta la base científica para la exclusión de aquellos sujetos indeseables para la sociedad, los anormales. Bajo el nazismo, la medicina se convierte en auxiliar del poder, a los efectos de seleccionar a los sujetos que van a ser excluidos e eliminados. Muchos médicos alemanes participaron activamente en la planificación, diagramación y puesta en marcha de los asesinatos de niños indefensos, enfermos mentales, judíos, gitanos y todo aquel que fuera catalogado como anormal, peligroso, impuro de raza aria, criminal, delincuente, homosexual, adversario político, esquizofrénico, psicópata, profanador de la raza, antisocial, testigo de Jehová.
En el hospital de Steinhof, en Viena, se internaba a niños enfermos o “asociales”. Recibían tratamiento psiquiátrico o eran sometidos a experimentos científicos. Después de la liberación de Viena por los aliados, se descubrieron en Steinhof cientos de frascos con los cerebros de los niños asesinados, caratulados con el nombre de cada víctimas, la patología que padecía, las fechas de nacimiento y de muerte.
Indeseables
El programa de eutanasia, iniciado en los institutos psiquiátricos, fue puesto en pausa cuando el personal y las cámaras de gas que allí funcionaban fueron trasladados a las nuevas instituciones de exterminio: los campos de concentración. Los campos de concentración eran centros de aniquilamiento de sujetos “indeseables”, pero también centros de investigaciones médicas, auspiciadas por las principales universidades alemanas.
Así como el ingreso en el programa de eutanasia se iniciaba con el diagnóstico de una enfermedad psiquiátrica –que incluía al paciente en la categoría de “vida indigna de ser vivida”–, el ingreso al campo de concentración se producía a partir de un cúmulo de clasificaciones –que asimismo incluían a la persona en la “vida indigna de ser vivida”–, entre ellas las de “judío” o “gitano”, a las que se asignaban características atávicas. Al llegar al campo, los prisioneros eran recibidos y clasificados por personal médico, de acuerdo con su capacidad para el trabajo; los niños y ancianos eran destinados inmediatamente a las cámaras de gas, por improductivos; los adultos sanos eran remitidos al campo de concentración propiamente dicho.
La muerte de los pacientes en los institutos psiquiátricos, así como de adultos y de los prisioneros en el campo, se producía por la sobremedicación, el hambre, las infecciones, las investigaciones científicas a las que eran sometidos, o las cámaras de gas. En los campos predominaba el factor de aniquilación directa, pero también se ejercía la experimentación sobre los cuerpos de los prisioneros. En ambas instituciones, los médicos eran los encargados de dirigir las investigaciones, prescribir determinados tratamientos o indicar la muerte. Luego de la muerte, los cuerpos de los pacientes psiquiátricos, como los de los prisioneros del campo, eran estudiados por destacados científicos, preocupados por descubrir las alteraciones anatómicas específicas de la víctima, de acuerdo con la categoría que hubiera determinado su inclusión en el programa de eutanasia o su ingreso al campo. Tales estudios revestían un interés fundamental para la medicina alemana a los efectos de convalidar sus teorías biologicistas y eugenésicas.
El programa de eutanasia y el campo de concentración fueron fuentes inagotables de víctimas, de niños y adultos disponibles para la investigación, de cuerpos a los que se podía estudiar vivos o muertos, según el interés del investigador. Los médicos del hospital o del campo elaboraban los proyectos de investigación que proponían a las autoridades alemanas, y que en su mayoría estaban destinados a la confirmación de las teorías nazis sobre higiene racial.

* Médico legista. Psiquiatra. Texto extractado de Psiquiatría y nazismo: historia de un encuentro, de reciente aparición (Ed. Madres de Plaza de Mayo).
“Pacto de silencio”
Por D. N.
La notas “Infierno en el Borda”, de Verónica Hollmann y Juan Pedro Iribarne –publicada en Página/12 el 29 de octubre pasado– y “De eso no se habla, y menos en un diario” --que fue tapa el 10 de noviembre-- describen muy bien el servicio de admisión del Hospital de Salud Mental J. T. Borda. Trabajé en ese servicio desde 1997 hasta 2004, cuando el actual jefe de servicio me cambió la llave de mi oficina por pertenecer a un movimiento de defensa de los derechos de los pacientes psiquiátricos –el Movimiento Antimanicomial, con sede en la Asociación Madres de Plaza de Mayo–, lo cual resultaba incompatible con trabajar en ese servicio.
Efectivamente existen prácticas corporativas que imponen el castigo si se rompe el “pacto de silencio”. Han querido echarme del Hospital Borda, pero todavía resisto allí. Me alegra que hayan quedado al descubierto prácticas fascistas. 

Positivismo, eugenesia y política

“Clases peligrosas”
Por Raúl Zaffaroni *
No se trata de que la psiquiatría y la medicina aportaran algo concreto al nazismo: todo lo contrario, el nazismo es expresión de una ciencia dogmatizada, de un positivismo pobre en argumentos pero eficaz a la hora de revolver las tripas de las multitudes. Los crímenes del nazismo no fueron más que culminación de la senda indicada por el positivismo, seguida hasta sus últimas consecuencias. La Revolución Industrial había llevado al poder a una clase de industriales, comerciantes y banqueros que se concentraron en las ciudades, junto a muchos más que llegaban a ellas en límites de subsistencia, generando situaciones de extrema tensión y violencia como resultado de la simultánea acumulación de riqueza y miseria en el reducido territorio geográfico. Se concentraban los que tenían mucho y los que tenían algo junto a quienes no tenían nada. Los últimos se volvían peligrosos. La policía aparece como institución indispensable para la defensa de los primeros.
Se comienza a hablar de “clases”: el término aparece vinculado a los carenciados de las ciudades, pero no por el lado de los revolucionarios, sino de los poseedores, que llamaron a esos carenciados “clases peligrosas”. En 1838, diez años antes del Manifiesto Comunista, el Instituto de Francia convocó a un concurso sobre las clases peligrosas. Lo ganó el comisario Frégier, que publicó su libro en Bruselas dos años más tarde (Des classes dangereuses de la population dans les grandes villes). Es un libro teóricamente pobre, porque la policía, aunque no tenía poder, no tenía discurso. Como el poder sin discurso no se mantiene mucho, los policías deben pedirlo, y quienes gustosos se prestan a aportarlo son los médicos, que desde el siglo XVI, con Wier reclamando a las brujas, miraban con codicia la cuestión penal. De este encuentro entre médicos y policías surge el mayor impulso del positivismo disciplinante en las ciudades.
Los médicos de locos –marginados por ocuparse de semejantes seres recluidos en infectos recintos– adquirieron prestigio social al pasar al papel de astros centrales en los grandes procesos. Los juristas, que primero les habían opuesto cierta resistencia (se disputaban las cabezas de los guillotinados en París), terminaron plegándose a su discurso. Pero la síntesis justificante de la hegemonía de los industriales, comerciantes y banqueros, y también del neocolonialismo, la llevó a cabo un ingeniero de ferrocarriles: Herbert Spencer. Todo evoluciona por catástrofes, planteó: triunfan los más fuertes y así se reproducen éstos y mejoran las razas, mientras sucumben los más débiles, cuya supervivencia haría que la raza involucionara y desapareciera. En esta línea trabajaron los antropólogos que legitimaron los genocidios neocolonialistas; entre éstos, uno de los más terribles fue, en la entrada del siglo XX, el de Leopoldo II de Bélgica en el Congo, que acabó con más de dos millones de seres humanos. Hoy tiene un museo y monumentos ecuestres en Bruselas.
Las clases peligrosas se asimilaron a los neocolonizados: eran salvajes regresivos que surgían por accidentes de la naturaleza entre las razas superiores: el loco moral de la psiquiatría inglesa; el delincuente nato de Cubi y Soler y, después, de Lombroso; el mestizo degenerado de Morel; los mestizajes que neutralizaban la raza superior de Gobineau.
La lógica era: hay que neutralizar a los inferiores para que no se reproduzcan y hagan desaparecer a los superiores; hay que impulsar el avance de los superiores y esterilizar a los inferiores. Galton le dio forma de ciencia con su “eugenesia”, pero se asombró –y asustó– cuando los norteamericanos la tomaron en serio y las sociedades de criadores de vacunos y caballos con veterinarios a la cabeza, y apoyados financieramente por fundaciones prestigiosas, comenzaron a aplicarla a los humanos; a partir de 1907, la convirtieron en ley. Se reprodujeron las leyes de esterilización y las prohibiciones de los matrimonios mixtos en los Estados Unidos, pese a que el pobre Galton declaraba que lo suyo eran hipótesis necesitadas de demostración. Miles de personas fueron esterilizadas: delincuentes, malformados, sordomudos, psicóticos, ciegos, toxicodependientes, débiles mentales, epilépticos. En Europa, países nórdicos y algún cantón suizo copiaron las leyes.
La eugenesia alemana estaba en pañales; los norteamericanos le transfirieron sus conocimientos científicos y financiaron sus primeros institutos. Los alemanes volvían muy contentos de sus viajes a los Estados Unidos y afirmaban que los negros estaban sobrerrepresentados en las prisiones norteamericanas porque el Estado les exigía un esfuerzo que no estaban en condiciones biológicas de realizar. En Mein Kampf se afirma que el único país que tiene una política poblacional racional son los Estados Unidos.
La consecuencia no podía hacerse esperar dentro de la propia Europa. Manipularon la ciencia médica para legitimar la explotación neocolonial y la sagrada ciencia –convertida en verdad dogmática– los llevó a que no pudieran discutir ni poner en duda su propio invento. Europa se enroscó dramáticamente en sus propias mentiras antropológicas. Las atrocidades cometidas en otras latitudes acabaron cometiéndose en su propio interior. Después de perder el respeto a la persona en sus colonizados, no podían tardar en perderlo entre ellos mismos. Los monstruos de esta razón son la creación de una gran mentira científica elaborada para explotar al resto del planeta en un festival de soberbia genocida.
Los cerebros de los niños asesinados, guardados durante sesenta años como material para la investigación, son el producto de la indiferencia y la irreflexión de sus ascendientes ante el extremo sufrimiento de otros pueblos del mundo y de la introyección de las mentiras de la ciencia que los legitimaba.
Alemania no fue potencia colonialista y tampoco lo fue el Imperio Austrohúngaro. A ambos se les negó la oportunidad de explotar en provecho propio a otros pueblos, pero asimilaron las mentiras de la ciencia colonialista y siguieron su lógica a la hora de conquistar poder: pero lo hicieron a expensas de los otros pueblos europeos y no contra los africanos, asiáticos o americanos. El nazismo no fue otra cosa que el neocolonialismo practicado dentro de Europa, conforme los principios de la misma ciencia colonialista. Debían someter a los pueblos inferiores, utilizar como mano de obra a quienes estaban en condiciones de servirles, eliminar a los que eran inservibles, y en el interior de su país también debían liberarse del riesgo de que los inferiores pudiesen reproducirse; ellos destinarían los esfuerzos a la reproducción de los más fuertes, se descargarían del lastre y del costo de mantener a los inútiles. Y, cuando la guerra exigió el máximo de esfuerzo, las razones económicas llevaron estos crímenes al paroxismo.
El psiquiatra alemán Ernst Kretschmer fue maestro del español Juan Antonio Vallejo Nágera, médico jefe de investigaciones psiquiátricas de los campos de concentración después de la masacre civil y dueño de la psiquiatría franquista hasta su muerte en 1960. Vallejo Nágera asumió las tesis lamarckianas: el ambiente hace y modifica al ser humano (curiosamente la misma tesis de la biología stalinista). En función de ella, no mataron a los niños en los campos de concentración franquistas, sino que los entregaron a familias sanas, es decir, católicas y, por supuesto, falangistas. Un puente que alguna vez será menester investigar permitió la llegada de este pensamiento hasta nuestras tierras.

* Profesor en el Departamento de Derecho Penal y Criminología, Universidad de Buenos Aires. Miembro de la Corte Suprema de la Nación. El texto forma parte del prólogo a Psiquiatría y nazismo: historia de un encuentro.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Niños dopados

 A continuación reproduzco un comentario que efectuara en el blog  Medicina y Psicoanálisis:



¡Zombi! no hay mejor apelativo para describir la obstrucción del desarrollo emocional, afectivo, intelectual y demás en nuestros niños. La violación flagrante de los Derechos del Niño y en suma de los Derechos Humanos, al dopar a los infantes, parece justificarse en el discurso Psiquiátrico actual, muy ligado a los intereses de las grandes corporaciones farmacéuticas y a las extrañas investigaciones acerca de la pretendido “terror” de la hiperactividad infantil- término que también es menester rechazar-. Según el DSM IV  -Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales(American Psychiatric Association)- vivir, es per se, un trastorno psiquiátrico.

¿ Y de dónde salen estas investigaciones “científicas”?; pues en primer lugar del bolsillo de las Farmacéuticas, que , sin el menor asomo de ética, patrocinan ( pagan-compran) los estudios de las Entidades Gubernamentales de control de Drogas y Salud Pública, caso muy frecuente especialmente en EEUU y en Europa, lo cual dista mucho de facturar desarrollos científicos confiables- lo que no dejan de facturar es dinero a costa de la salud de los ciudadanos-.

En segundo lugar, es factible precisar que esta pseudociencia utiliza instrumentos y tácticas psicométricas para probar la necesidad de poner el Ritalín ( y otros famosos psicoactivos) en el mercado; es decir, en vez de efectuar rigurosos estudios de salud emocional, lo que verdaderamente hacen son estudios de Mercado; cualquier científico con conciencia, sabe que los estudios psicométricos no son pruebas científicas, no miden la psique de nadie. Así que estas investigaciones salen de la macroeconomía, razón de más para considerarla inhumana.

En tercer lugar, y para completar el tinglado, Estados, Corporaciones, y “profesionales de la mente”, médicos, psiquiatras, psicólogos, neurólogos -verdaderos tecnócratas,aunque no todos- matan dos pájaros de un solo tiro; aparte de los colosales réditos para los tres estados ya referidos, cosas que entre otras, multiplica la miseria y los factores sociales que inciden en el desarrollo de malestares emocionales como las depresiones, se dirige una guerra silenciosa contra las poblaciones; la guerra del silencio, la colonización de las mentes, el control de los deseos, la represión ideológica de la población: el arma: los antidepresivos, antipsicóticos, ansiolíticos... (amén de los medios y demás aparatos de represión ideológica) lo que no vacilo en llamar: “narcotráfico legal”. Muchas de estas “investigaciones” ya han sido desmentidas, sobre todo en torno a los efectos del Prozac (fluoxetina) y otros antidepresivos, pero su difusión ha sido precaria y por lo tanto sus ventas siguen siendo multimillonarias.

Artículos relacionados:

León Plata

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La admisión en un manicomio: Crónicas Delirantes

A continuación  presento  un artículo sobre opresión manicomial  y psiquiátrica en Argentina, publicado originalmente en la Revista Topía por la Psicóloga Verónica Hollmann y el estudiante de Psicología Juan Pedro Iribarne, hecho que les  acarreó como consecuencia la censura oficial y la exclusión laboral...No pocos se han rasgado las vestiduras  con este tipo de denuncias, a tal punto, que no han vacilado en atizar el fuego de la hoguera medieval. Continúa la caza de brujas en el ámbito científico; cualquier prueba de que las ideas y " tratamientos" impuestos por la oficialidad Psiquiátrica y  Farmacéutica son además de errados, violatorios de Derechos Humanos y/o nocivos para la psique y los cuerpos de los "pacientes" , genera  de inmediato la consecuente reacción represiva contra quienes las exponen. En alguno de los comentarios a la nota que nos ocupa en  "Topía" , un Psiquiatra opone como argumento ( trivial e inconexo, sin duda alguna), palabras más palabras menos, que el comunismo ya no existe y que el Psicoanálisis  pasó de moda. De ello se infiere que el señor Psiquiatra piensa que, porque el comunismo no existe, no existen injusticias  y que la psique se "mide" por modas intelectuales...


La admisión en un manicomio: Crónicas Delirantes


Por Verónica Hollmann y Juan Pedro Iribarne - Publicado en 04 November 2009
Este artículo tiene la capacidad de decir las cosas por su nombre. Para aquellos que conocemos los manicomios no vamos a encontrar nada nuevo. Sin embargo describir sin eufemismos como se ejerce el disciplinamiento en la institución manicomial produce esa sensación que Freud nombraba como lo siniestro. Los responsables de mantener esta situación no es un poder abstracto. Son aquellos que por defender sus intereses se oponen a cualquier proyecto de transformación: la alianza entre el gobierno macrista de CABA, los grandes laboratorios, las instituciones de medicina privada, la burocracia sindical que manejan sus intereses en las obras sociales y las organizaciones médicas. El texto de V. Hollmann y J. P. Iribarne -el cual compartimos en su totalidad- reafirma la lucha de todos los sectores antimanicomiales por un tratamiento del padecimiento subjetivo basado en una perspectiva ética, racional y científica. Este el compromiso de nuestra revista.
Actualización 7/11/09: A partir de la publicación de este artículo sus autores fueron echados del hospital Borda (leer comunicado de Topía)
Según la Ley 448 en su Artículo 19º: “La internación es una instancia del tratamiento que evalúa y decide el equipo interdisciplinario cuando no sean posibles los abordajes ambulatorios. Cuando ésta deba llevarse a cabo es prioritaria la pronta recuperación y resocialización de la persona. Se procura la creación y funcionamiento de dispositivos para el tratamiento anterior y posterior a la internación que favorezcan el mantenimiento de los vínculos, contactos y comunicación de la persona internada, con sus familiares y allegados, con el entorno laboral y social, garantizando su atención integral.” (1)
Todo el que trabaje en Salud Mental sabe que esta ley no se cumple. Algunos miran para otro lado, defienden intereses personales, gremiales, entre otros. Nosotros, como muchos otros compañeros, no podemos ser cómplices en la naturalización de prácticas que violan la dignidad de los internados para mantener un sistema. En palabras de Basaglia, “…nuestro deber como técnicos es informar a la opinión pública la manera en que están dirigidas estas estructuras, Esto es importante para que las personas tomen conciencia acerca de que son violentadas más que curadas.”(2)
“La admisión es un infierno”, se escucha frecuentemente entre los pacientes. Y sí, quema, arde, arrasa como el fuego, con la subjetividad del paciente, y lo somete a una nueva cultura: la manicomial.
Pensemos por un momento, un paciente ingresa en la guardia del Hospital Borda. Es probable que haya ingresado por los tan precisos diagnósticos de “descompensación psicótica”, “alcoholismo crónico” “ideación suicida”, entre otros.
Esta persona, con sus problemáticas, que nunca son abarcadas ni por el más certero recorte diagnóstico, llega, en el mejor de los casos con una familia contenedora o en el peor de los casos en un móvil policial con personas que no están preparadas para lidiar con estas crisis para lo cual no sería raro esperar alguna golpiza.
Una vez llegado al hospital el paciente es llevado a la guardia donde generalmente se le hace una entrevista psiquiátrica, y es bienvenido con el tan mentado “inyectable”. A partir de ahí es derivado al servicio de admisión. Servicio de arrasamiento subjetivo por excelencia.
A ver ¡¿qué de terapéutico tiene esto?! Podemos estar de acuerdo en que todo paciente que atraviesa una crisis, transita por un proceso de retracción libidinal, en algunos casos despersonalización. Veamos que se le brinda al paciente en su inicio del tratamiento:
Al entrar a este servicio, la admisión, se le retiran las pertenencias que van a parar al deposito hospitalario, no se le permite ver a los familiares, que a esta altura se encuentran angustiados, perplejos y con miedo de dejar a su ser querido en este lugar. Familiares que no son contenidos en forma verbal en la mayoría de las ocasiones. Se pueden escuchar diálogos como “bueno, le dejo una toalla, cepillo de dientes algo para que se higienice”, en un claro intento de mantener ciertos hábitos que el paciente venía sosteniendo; “sí”, se le responde, pero a poco de ingresar, sus pertenencias desaparecen, pertenencias que lo ligan con su cotidianeidad y a largo plazo desaparecerán también los hábitos adquiridos, en un claro proceso de desculturización. Los referentes identificatorios se van esfumando: corte de pelo compulsivo, ropa que no elige, no hay espejos, ni relojes, puede pasar días sin mirarse y sin ni siquiera saber día y hora, dando paso a una nueva enfermedad: la enfermedad institucional.
En algunos momentos se aplica un “efectivo método terapéutico”: la contención física, método que anula por completo el decir del sujeto porque si bien en algunos casos puede ser necesario para que no se lastime puede pasar horas y horas por no decir días (si tiene la mala suerte de ingresar un fin de semana) sin que nadie le pregunte sobre su padecer. Es usual escuchar gritos dada la violentación institucional que sufren estos pacientes, violentación que en algunos casos lleva a más medicación. Todo esto sucede mientras los enfermeros juegan al truco al lado de la sala de contención. “Mejor no veo nada y no digo nada porque a veces, observar es meterme en problemas” (3)
En las caras de los pacientes, expresiones de perplejidad, como en otras caras, compañeros que, quizás a causa de su delirio, deciden calmar el sufrimiento del compañero asfixiándolo con una almohada hasta matarlo. Paciente que después es judicializado y tarda años en salir del hospital. Pacientes muertos, que son llevados en tablones por otros compañeros, circulando por el hospital, tapado con una frazada rota, y tratando que no se caiga, mientras partes de este cuerpo que estuvo muerto para muchos, antes de la muerte física, cuelgan del tablón. Lo llevan hasta su lugar de destino que vaya a saber cual es. Y bueno, total, como todos escuchamos en C5N, al Dr. Garralda, director del Hospital: “siempre se muere algún paciente”. En esta frase vemos como desde la más alta jerarquía del hospital quedan naturalizadas las prácticas más aberrantes. Tal como señala Basaglia en su libro La condena de ser loco y pobre, hay que cambiar el esquema que hace del enfermo mental un cuerpo muerto en el manicomio, en una persona viva responsable de su propia salud.
El Servicio de admisión, al ser cerrado, también es usado como servicio de castigo. La frase “el que se porta mal va a ir a parar a admisión” es de uso común, como también en la misma admisión se ha escuchado “si seguís jodiendo te doy electroshock”. Y por si esto fuera poco, esta crónica delirante sigue:
“El Borda es una boca grande que te traga” Paciente internado
Si se decide, vaya a saber según que proyecto terapéutico, pasar al paciente al interior del hospital, el siguiente paso en el arrasamiento subjetivo es el Shopping de pacientes. Sí, en el Borda también hay Shopping. En lugar de productos se eligen personas. Lo recomendable para el profesional es conocer a alguien en admisión para que no te metan “un caño” (paciente problemático ya sea por su situación legal, sus conductas o sus pocas posibilidades de externación que baja el promedio del giro cama). Es frecuente escuchar frases como “yo soy amigo, así que me da algo bueno, un psicótico, tranquilo, con familia”. También son comunes los intercambios de mercancías del estilo “me llevo dos psicóticos y te dejo un adicto”. O se puede escuchar, “esperame hasta mañana que tengo uno bueno pero le falta”. Sería lo mismo que ir al verdulero y que te diga que no tiene buenos tomates que los de mañana van a estar mejores. También se conocen rumores de servicios donde no aceptan pacientes con determinadas características, por eso el Shopping en este caso es más selecto, sería algo así como “el Alcorta”.
Una internación puede durar un mes o varios años depende el Servicio en que el paciente sea admitido. Lo que se dice una ruleta rusa.
Si se pensaba que el infierno de la admisión terminaba en el Servicio que posee el mismo nombre, el paciente en cuestión no tardará en comprobar que en el Servicio en que finalmente es aceptado se replican las mismas lógicas antes mencionadas.
En primer término se le realizará una nueva entrevista de admisión. Esta debería ser interdisciplinaria pero en la gran mayoría son realizadas exclusivamente por psiquiatras.
Cualquier persona con cierto sentido común, supondría que se realice en un consultorio cerrado, con una cierta intimidad y contención, donde el paciente pueda contar, nada más ni nada menos, que lo trae por el Hospital, relato generalmente cargado de angustia, confusión, bronca, enojo, depresión, entre otros sentires. Una persona, que esté formada como trabajador/a de Salud Mental debería manejar además los conceptos de encuadre, confidencialidad, transferencia, entre otros. Es fundamental recordar que sumado a la crisis que llevó al paciente a ser internado, es esperable cierto temor y confusión sobre como será la internación, con toda la representación social alrededor de lo que es un manicomio, en este caso el Borda. El lector considerará que lo más lógico sería explicarle al paciente en que Servicio está, como va a ser su tratamiento, con que actividades cuenta el Servicio, que se le muestre su cama y las instalaciones, que se le presente a sus compañeros, se le asigne un tutor que lo acompañe los primeros días, se le explique las reglas de convivencia, y demás cuestiones.
Pese a todo esto, la entrevista es generalmente un interrogatorio cuasi-policial, plagado de preguntas, a veces de tal forma que la siguiente pregunta se superpone a la respuesta del paciente ante la pregunta previa. Durante la misma puede haber hasta cinco psiquiatras, de estricto guardapolvo blanco, con una mesa de por medio, enfrentados (en los múltiples significados de la palabra) al paciente. Por supuesto que los entrevistadores se reservan el derecho a atender su teléfono celular y a hablar a los gritos por sobre el discurso del paciente, a discutir la medicación de otra persona, a interrumpir y a levantarse y salir del consultorio cuando lo consideren menester. A su vez, cualquier profesional del Servicio tiene derecho a entrar y salir del consultorio u office donde se esté haciendo la entrevista cuando así lo desee.
El paciente no recibirá ningún tipo de explicación sobre su situación ni sobre su internación excepto cuando se trate de un paciente internado bajo Juzgado Penal donde se le señala que tiene prohibido salir del hospital.
Las preguntas sobre los síntomas por supuesto que se introducen con la mayor de las sutilezas:
Dr: ¿y escuchás voces?
Pte: No
Dr: ¿Seguro?
Pte:
Dr: ¿y pensás que alguien te persigue?
Pte: No
Dr: Bueno, no te escapes, eh
Si finalmente el paciente en cuestión considera que el suplicio de la entrevista de admisión finalmente terminó, se llevará la grata sorpresa de que esta puede repetirse ad eternum de acuerdo al interés o dudas que su caso genere en los psiquiatras. Un mismo paciente puede tener hasta seis o siete entrevistas de admisión. Un zoológico donde lo visitan estudiantes de diferentes Universidades y carreras, arrasando su intimidad. Ya está instalado el poder psiquiátrico, aquel que tiene en sus manos la decisión más importante para el paciente: cuando puede irse de este infierno. Es por esto que nunca se niegan a estos interrogatorios. Basaglia lo explica muy claramente cuando dice “en los manicomios cerrados el enfermo pregunta “¿Cuándo vuelvo a casa?”, el médico responde “mañana”. Esta es la respuesta que quien tiene poder da siempre al oprimido.” (4)
Cuando salga de la entrevista deberá apelar a la solidaridad de algún compañero, de los que por suerte nunca faltan, que le cuente medianamente algunas mínimas cuestiones del Servicio. Para conocer las reglas implícitas del mismo siempre estará la irremplazable experiencia del aprendizaje vivencial, cuando por ejemplo un enfermero lo levante a los gritos para insultarlo por cambiarse de cama, o porque no se levantó para tomar la medicación, o porque no se bañó, entre otras cosas. Otro ingrediente de las lógicas manicomiales: la infantilización del paciente, el maltrato y la humillación.
Recordemos parte del Artículo 19 de la ley 448, citado cuando iniciamos estas crónicas delirantes, “Cuando esta deba llevarse a cabo (la internación) es prioritaria la pronta recuperación y resocialización de la persona.” (5) Creemos que quedó más que claro que es indispensable un cambio, y que este cambio se tiene que dar en un marco de lucha política. No nos alcanza con armar “dispositivos parches” para que el manicomio no parezca un manicomio. Sí, lo es, y lo seguirá siendo mientras no se cumpla la ley. Mientras se sigan silenciando estas prácticas aberrantes. Mientras se movilizan diferentes sectores de Salud Mental, dados los despidos encubiertos de los Directores Dr. Slipak y Dr. Cafferatta, y el Borda sigue haciendo oídos sordos. Mientras afuera hay movimiento, adentro se escucha un silencio cómplice, sepulcral. Tan cómplice que habiendo participado y firmado la misma carta que llevó a estos despidos, los Dres. Picasso y Carofile, miraron para otro lado. Creemos que si no se generan espacios de reflexión y acción concretas frente a tantos atropellos de este Gobierno, y de todos los interesados en que todo siga igual seguiremos conviviendo con el poder y la opresión.

Verónica Hollmann
Psicóloga
vhollmann@hotmail.com

Juan Pedro Iribarne
Estudiante de Psicología UBA


[1] Ley de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires (448) disponible en http://estatico2.buenosaires.gov.ar/areas/salud/s_mental/archivos/ley448... 448
[2] Franco Basaglia, “La condena de ser loco y pobre. Alternativas al manicomio”, Ed Topía, Bs As, 2008, p. 85
[3] Salud y Subjetividad pag 47
[4] Franco Basaglia, op. cit,  p. 114
[5] Ley de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires (448), op. cit.

lunes, 2 de noviembre de 2009

¡PELIGRO! CONGRESO DE PSIQUIATRAS PIDE MÁS MEDICACION EN LA INFANCIA

Nueva información transmitida por Juan Pundik, Presidente de la Plataforma contra  la Medicación de la Infancia y el Prozac:
PREPARÉMONOS PARA DEFENDERNOS DE LA AMENAZA PSIQUIÁTRICA

Bajo el lema, ‘No hay salud sin salud mental’ las Sociedades Españolas de Psiquiatría y de Psiquiatría Biológica han reunido en Madrid, del 20 al 24 de octubre del 2009, el XIII Congreso Nacional de Psiquiatría, evento subvencionado por la industria farmacéutica, del que participaron más de dos mil psiquiatras para debatir los últimos avances en prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales.

"Es esencial tener una buena salud mental para poder tener salud", afirmó Jerónimo Saiz, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), advirrtiendo que "los trastornos mentales constituyen en nuestro país una causa muy frecuente de discapacidad, pérdida de calidad de vida, sufrimiento, aislamiento social, estigmatización y hasta mortalidad por suicidio. Uno de cada seis españoles ha padecido, padece o padecerá un trastorno mental a lo largo de su vida".
José Giner, presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM), explicó que el papel de la psiquiatría en la sociedad actual es cada vez más importante porque influye sobre cualquier dolencia: " La psiquiatría está cada vez más presente. Cuanto mayor es el nivel cultural de la sociedad, mayores son los problemas psiquiátricos".

A pesar del desarrollo en la última década de la investigación en psiquiatría, sería conveniente ahondar aún más en conocer el funcionamiento normal del cerebro. Según Julio Bobes, "tenemos muchos aspectos en neurociencias desconocidos y por tanto consideramos esencial que se dote de más medios de investigación para el conocimiento normal del cerebro y se facilite la investigación de cómo funciona el cerebro y de las diferentes alteraciones que tienen nuestros enfermos afectados de trastornos mentales".




IMPULSAN EN ESPAÑA LA UTILIZACIÓN DE PSICOFÁRMACOS EN NIÑOS



Durante el Congreso se ha desarrollado un Simposio en el que se revisaron los aparentes beneficios y limitaciones que tiene el tratamiento antipsicótico en la población infantil. Aunque en España no se cuenta en estos momentos con datos específicos sobre el uso de psicofármacos en niños, los psiquiatras consideraron necesario aumentar la prescripción de fármacos en la población infantil con trastornos mentales.



La Dra. Mara Parellada, presidenta del Simposio, y que trabaja en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, considera que "en los últimos años ha habido un crecimiento del tratamiento con antipsicóticos en niños y adolescentes, no sólo para tratar patología psicótica, sino también para muchos otros trastornos" advirtiendo que "las indicaciones de las agencias reguladoras no han seguido el mismo ritmo". Reconoció que no obstante se estaba objetivando un creciente uso de los psicofármacos en la población infantil. Agregando que "por un lado, hay estudios que están avalando el uso de psicofármacos en niños y por otro, se está consolidando una mayor confianza en su uso gracias a que disponemos de fármacos con menos efectos secundarios (como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) y por la comercialización de fármacos más seguros (como los nuevos antipsicóticos)". Explicó también que la tasa de indicación de psicofármacos en niños está lejos de aproximarse a la que se registra en otros países avanzados: "en España no hay una sobreutilización de psicofármacos en la infancia, como puede haberla en otras sociedades (como la norteamericana)".
Según los expertos, "tan negativo es tratar de más como de menos; no emplear psicofármacos en niños puede ser imprudente e irresponsable en algunos casos", adviertió esta experta. Uno de los ejemplos más característicos es el de niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH); tal y como reiteran los psiquiatras, arrastrar a lo largo de la infancia y adolescencia síntomas de TDAH sin resolver puede conllevar mayor riesgo de complicaciones a medio-largo plazo, derivados de múltiples fracasos sucesivos, inseguridad, baja autoestima y/o desadaptación.


Tal y como afirma la Dra. Mara Parellada, "los diagnósticos psiquiátricos más frecuentes que se detectan en nuestro medio son los trastornos de ansiedad y los trastornos del comportamiento, en particular el TDAH". Este último es una de las patologías psiquiátricas más prevalentes de inicio en la infancia y es la alteración del comportamiento neuroconductual más diagnosticada en niños de edad escolar. - ".
Según la psiquiatra Parellada ada vez se conocen mejor los factores implicados en el desarrollo de trastornos mentales en niños, lo que también ha motivado una mejora significativa en su abordaje. Su origen depende del tipo de enfermedad psiquiátrica; así, unas dependen más de factores constitucionales (genéticos y de desarrollo cerebral temprano), como la esquizofrenia, el autismo o el TDAH, mientras que otras obedecen más a la interacción de factores biológicos (como el temperamento) y factores ambientales (acontecimientos adversos, relaciones interpersonales tempranas, etc.), como son la ansiedad o la depresión.


Agregó también que aunque los factores sociales influyen en todas las patologías, trastornos como el bipolar, la esquizofrenia o el TDAH dependen en su aparición de influencias más orgánicas o genéticas, afirmando que los expertos apuntan a la escasa disponibilidad de psiquiatras con formación específica para abordar los trastornos mentales infantiles.
Terminó reconociendo que otro déficit por solventar es la falta de estudios realizados específicamente en niños, sobre todo en las fases de desarrollo de los fármacos. Ya que "la investigación se centra fundamentalmente en la población adulta y se busca la aplicabilidad en niños de los fármacos estudiados en personas de más edad. Hay una escasa investigación pensada desde la patología infantil, teniendo en cuenta el cerebro en desarrollo y todos los factores que, tanto positiva como negativamente, puede influir en ese desarrollo".

NO COMMENT



Plataforma contra la medicalización de la infancia
Juan Pundik

Presidente


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