- Niños Zombia a la Vista
- ¡Peligro! Congreso de Psiquiatras pide más Medicación en la Infancia
- Más informes sobre Abuso Infantil con Psicofármacos
- Lucha de Juan Pundik ( Presidente de la Plataforma contra la Medicalización de la Infancia)
jueves, 3 de diciembre de 2009
Niños dopados
martes, 6 de octubre de 2009
TECNÓCRATAS DE LA MENTE
Empero, el autómata sigue marchando a la oficina- perdón, al consultorio- del psiquiatra; de alguna manera lo ha deificado. El psiquiatra es, al menos, un padre protector, que lo "salva" de tener que pensar, o de enfrentarse a sus miedos, a sus dolores, a sus deseos... Aunque sigan sufriendo horrores inefables, los hombres desprovistos de sus significaciones, ven en el psiquiatra y en sus sustancias químicas, la exoneración total del sufrimiento vital, es decir la exención de tener que chocarse consigo mismo.
Pero dormí y desperté más "sensato" y de inmediato, me puse a pensar. Me avergüenzo ahora pensando como seduce eso de no ser sujeto, eso de no pensar, de no actuar... la muerte es muy seductora sin duda alguna...
martes, 12 de mayo de 2009
Niños zombie a la vista
Una buena amiga, docente de un centro educativo ubicado en una zona "urbano-marginal" de un deprimido
municipio del nororiente colombiano, me comentó hace poco que el año pasado cierta ONG convocó a una reunión extraordinaria a todo el cuerpo docente de su Institución. El tema era claro: el control de los estudiantes - niños- con "hiperactividad y déficit de atención"; los profesores acudieron a la charla ciertamente esperanzados en aprender a atender casos problemáticos de niños que demostraban comportamientos violentos y actitudes poco adecuadas para su edad, dadas las lamentables condiciones de vida que tiene que soportar (vale decir, los docentes tiene identificadas varias causas sociales ya que se involucran con el medio donde los estudiantes se desarrollan).Buena parte del colectivo estudiantil procede de otras regiones como producto del destierro oprobioso que sufrieran a manos de grupos armados al margen de la ley- en ocasiones con anuencia de sectores dentro de la ley- , léase: Desplazamiento Forzado. Los núcleos familiares de los menores desplazados son generalmente disfuncionales, fragmentados y violentos, las condiciones económicas, deplorables; su alimentación no es la más sana, carecen de espacios y programas de recreación, habitan en brutal hacinamiento con todos sus familiares en minúsculas y poco higiénicas habitaciones y para rematar son estigmatizados y despreciados por las "gentes de bien".
Teniendo en cuenta el anterior cuadro anómalo familiar, social y cultural- me decía mi buena amiga- es apenas comprensible que los niños sean tan inquietos y virulentos; de plano, los niños que cuentan con una familia armoniosa y han sido tratados con amor y respeto también son inquietos sencillamente porque son niños, "mucho más agresivos han de ser esos niños a los que les han robado su niñez".
Así que los docentes supusieron que iban a recibir una fructífera charla de manejo psico-social y psico-afectivo de los problemas de atención y agresividad antes referidos, pero no fue así; los ilustrísimos "expertos" de la ONG DESESTIMARON OLÍMPICAMENTE EL CONTEXTO VIOLENTO EN EL QUE SE ESCENIFICA EL CRECIMIENTO DE LOS NIÑOS y su condición de víctimas del conflicto interno armado para aducir tan sólo una explicación genética. Bueno es decir que, según estos profesionales maestrados,esos niños están "predestinados" a ser criminales, sicarios y prostituta/os; que en cierta forma son culpables de sus comportamientos "desviados" por tener los genes ruines que tienen, y que por ello han de ser castigados excluyéndolos, doblegando su ánimo, idiotizándolos, engañándolos, negando su dignidad, y desde luego, su futuro.
El instrumento de castigo: unas pastillas. Conminaron a los docentes a diagnosticar casos de hiperactividad y medicarlos. Sería la solución mágica para deshacerse de la incomodidad de un niño "hiperactivo" en clase; solución por demás, disciplinaria. Ritalín, la indicada. La solución según los profesionales de la ong es dopar infantes, frenar su desarrollo emocional, alterar su psique, en últimas, abusar de la niñez.
En ese Centro docente, en el que se sabe que con el respeto a los Derecho de los niños, con la satisfacción de sus necesidades básicas -en especial, una correcta nutrición y una vivienda digna-, y con atención psicológica seria y humana en su comunidad, pueden los niños seguir siendo niños, los profesores decidieron no acoger la recomendación de dopaje infantil. La dura tarea de aplicar una pedagogía que no le de la espalda al conflicto y que en cambio lo integre a los contenidos curriculares, es la guía que siguen los docentes del barrio "urbano- marginal".
Sin embargo no constituye secreto de Estado, que en múltiples colegios del mundo se aplica el castigo ritalínico y que los gobiernos han omitido al menos debatir, las implicaciones sanitarias y sociales del caso. Alienar con psicofármacos la conciencia en desarrollo de un niño, ha debido suscitar más de una nota en los medios de información, mas lejos de ello, han popularizado el término "hiperactividad", la supuesta "enfermedad" que han puesto de moda en el último lustro. Anteriormente a un niño muy enérgico se la llamaba "inquieto" hoy se le etiqueta con el tecnicismo: "hiperactivo".
Convertir en autómatas a los niños que de forma inconsciente están tratando de expresar un "algo molesto" a través de su inquietud física no puede llamarse de otra forma que fascismo; una suerte de fascismo farmacéutico. No se incurriría en exageración alguna si se precisa que el suministro de sustancia psicotrópicas (legales, valga lo curioso del dato), es una forma de trato cruel e inhumano si se observa que se están violando los derechos humanos al libre desarrollo a la personalidad, a la vida digna, a la salud, etc. Más cruel si se observa que los sometidos son niños que probablemente ya han sido víctimas de acontecimientos crueles, inhumanos y degradantes, años atrás.
¡Alerta! ¡Niños zombie a la vuelta de la esquina! Después de todo no es muy fantástica la historia de Indiana Jones en el templo de la Perdición, donde los niños eran esclavizados previa ingesta de una sustancia psicoactiva…
Nota: sobre estudios y documentos que informen sobre los efectos nocivos de psicofármacos en niños se hablará en próximos entradas.
miércoles, 15 de abril de 2009
Sobre prácticas depresivas y represivas en el Opus Dei
He aquí uno de tantos testimonios sobre el control total de la mente ejercido por el Opus Dei en sus miembros.
Artículo hallado en la página Opuslibros
PSIQUIATRAS PARA PERSEVERAR
Enviado por MINERVA, el 26 de junio de 2005
Reiteradamente se trata en esta Web, y en distintos medios de comunicación, sobre el problema de las enfermedades mentales de los miembros de la Obra y sobre los psiquiatras del Opus Dei que los atienden. De los veintitrés años que estuve en la Prelatura, los trece últimos los pasé enferma de depresión. Para ahorrarme el dolor de su recuerdo preferiría no hablar sobre este tema, ni rememorar la época y circunstancias en las que se desarrolló mi enfermedad, mas considero que debo vencer mi rechazo y escribirlo porque puede ayudar a alguien que ahora esté pasando por algo parecido a lo mío. De todo lo que voy a hablar a continuación tengo nombres y demás datos que lo corroboran, pero prefiero no citar ni a las personas ni los lugares que las pondrían evidencia porque quiero que el árbol no tape al bosque: que se le achaquen a esos sujetos, a título individual, algo que puede ser frecuente en la Obra.
Me hice agregada del Opus Dei a los 19 en un centro de chicas jóvenes en donde permanecí los primeros diez años...
Durante esa época fui una muchacha vital, alegre, llena de entusiasmo, con la risa pegada a la cara... y lo fomentaba el ambiente de juventud de aquel centro que continuamente me mantenía ocupada. Aunque no todo el monte fue orégano y pasé por temporadas en las que pensaba que aquello no era lo mío; por ejemplo, cada 19 de marzo, en el que tenía que renovar un año más en la Obra, yo me resistía e iba precedido de un tremendo darme la lata para que lo hiciera, pero a pesar de todo guardo gratos recuerdos de aquel entonces en donde, por lo menos, no sentí nada de soledad.
El tiempo pasó, las directoras debieron especular que a mis 29 años ya era hora de trasladarme a un centro de mayores y lo hicieron de la noche a la mañana. Para mí fue como entrar en otra dimensión. La casa nueva está situada en una zona noble de Madrid, de techos altos, oscura, sin un ápice de la algarabía del lugar que acababa de dejar y las numerarias que lo habitaban y las agregadas... Bueno, para que os hagáis una idea de la edad y circunstancias de esas mujeres os relato el comentario que le hice a la directora cuando terminó de enseñármelo, le dije: “Oye, y de entre todas las de este centro ¿hay alguna que sea joven o que no esté enferma?”.
Y aquel cambio de centro fue mi encuentro con la soledad de la Obra y su indiferencia hacia mí. Antes llenaba los fines de semanas con excursiones u otros planes apostólicos, ahora, con mis amigas y compañeras casadas y atendiendo a sus familias, me tenía que conformar con estar sola en la casa de mis padres y, como mucho, yendo a dar un paseo con mi madre o a merendar con una vecina. Durante el resto de la semana todo el contacto con mi “familia” de la Obra consistía en ir una tarde al centro en donde, sin pausa alguna, asistía al circulo semanal, hacía la charla (dirección espiritual), el movimiento económico (en donde se le entrega a la secretaria el sueldo mensual y sacas lo necesario para tus gastos) y me confesaba.
Para llenar el vacío que sentía me volqué en el trabajo, al que aumenté tanto el tiempo como la intensidad de mi dedicación.
En algo menos de un año ya era otra persona: seria, circunspecta, mordaz en los comentarios y sobre todo una mujer muy triste. Las directoras me debieron ver mal y acortaron la fecha de mi revisión médica anual (todos los de la Obra han de pasarla cada año con un facultativo del Opus Dei) y en un principio fui tratada por él con ansiolíticos para mandarme a los pocos meses a una psiquiatra que es supernumeraria, quien me diagnóstico depresión bipolar. En los trece años que fui su paciente ha empleado conmigo todo el arsenal farmacológico posible. Entre otros efectos, sus tratamientos me han provocado un hipotiroidismo permanente causado por el litio (del que me he de medicar de por vida); alucinaciones que comenzaron con una nueva medicación y cesaron al quitarla, mareos; dormir durante largos periodos de tiempo, que en una ocasión llegó a tres días seguidos; permanecer ingresada un mes en una clínica psiquiátrica y un largo etcétera que el lector puede imaginar.
Desde el comienzo de esa tristeza y pérdida de ganas de vivir me fue asaltando la idea de que mis males se podrían solucionar dejando la Obra, pero varios condicionantes me imposibilitaron hacerlo:
1 – La absoluta confianza que tenía depositada en las directoras, quienes me afirmaban que lo mío era seguir en el Opus Dei, que fuera de él sería una desdichada, que tenía que dejar de pensar en mí y ofrecer con alegría mi enfermedad (es del todo imposible que un depresivo pueda ofrecer con “alegría” su mal, ya que entonces no sería depresivo), etc.
2 – Porque en la depresión me era muy costoso (casi imposible) tomar decisiones.
3 – Porque me impedían oír otras opiniones (ir a médicos objetivos, no ligados a la Obra) o valorarlas cuando me las daban (por ejemplo, mis padres, con quienes vivía, me dejaban caer que fuera de la Obra estaría mejor), ya que entonces las directoras me contaban que esos consejos eran humanos, no sobrenaturales, las tentaciones de las que el Demonio se vale al usar a nuestras familias como obstáculo en nuestra vocación.
Poco a poco, se me fue haciendo imposible seguir el plan de vida de la Obra: me dormía en la oración, por mi trabajo no podía ir a misa por la tarde y por la mañana no había quien me pudiera sacar de la cama media hora antes de lo necesario, y así ocurrió con el resto de las normas que, por otra parte, cada vez me producía más ansiedad hacerlas, por lo que al cabo de unos años tan sólo iba a misa los domingos y me confesaba semanalmente.
A los veinte años de estar en Obra y a los diez de ser la paciente de esa psiquiatra, su tratamiento continuado hizo sus efectos y, aunque no bien, por lo menos estaba estabilizada: trabajaba doce horas al día, iba el miércoles al centro (tal y como indiqué antes) y el resto del tiempo me lo pasaba durmiendo (los días de diario llegaba a casa, cenaba y me acostaba hasta la mañana siguiente; de viernes por la noche a lunes por la mañana lo empleaba en estar en la cama, salvando el tiempo imprescindible para las necesidades biológicas, ir a misa, y dar un paseo con mi madre). A partir de entonces la idea de dejar la Obra fue creciendo en mí y las directoras siguieron en sus trece de que lo mío era morir en el Opus Dei.
Hago un inciso. Si alguien se encuentra en un estado en el que su corazón le grita que debe dejar la Obra, por experiencia personal puedo decirle que lo primero que debe hacer es considerar que sus directores no son sus amigos sino unos fanáticos del Opus Dei, que permitirán y ayudarán a que se muera dentro hecho jirones antes de dejarle abandonar la Obra. Y lo segundo, y como consecuencia de lo anterior, es que la primera obligación de esa persona ante si misma y ante Dios (porque Él si que te ama, tanto a ti como a tu salud) es la de ocultar a los de la Obra sus pensamientos y pesquisas para dejar el Opus Dei hasta que llegue el momento en el que se tengan los recursos necesarios para poderse ir.
Como antes conté, a los diez años de enfermedad y tres antes de dejar la Obra, me encontraba estabilizada y cada vez con más ganas de marcharme del Opus Dei, lo que les repetía a la directora y al sacerdote asignado, quienes a su vez reiteraban su postura de que me mantuviera dentro. Al cabo de un año de ese tira y afloja (las directoras eran quienes tiraban, a mi me correspondía tan sólo aflojar) me comenta la psiquiatra que me convenía recibir una terapia de electroshock, sin explicarme muy bien el porqué. Vuelvo a repetir que yo me encontraba bastante bien pero, como siempre, me dejé llevar y me aplicaron seis sesiones. Por la mañana de seis días seguidos, antes de trabajar, fui a la clínica en donde me dormían para aplicarme después el electroshock.
Tiempo después leí que el electroshock es una práctica casi en desuso, que se utiliza fundamentalmente para romper circuitos cerebrales viciosos. Por ejemplo, alguien tiene la obsesión de suicidarse y la corriente eléctrica que se aplica con el electroshock rompe las conexiones neuronales que la mantienen, permitiendo así que el paciente olvide esa tendencia. Pues bien, cuando me lo aplicaron, mi única “obsesión” era la de dejar el Opus Dei.
Tras recibir ese tratamiento no encontré mejoría alguna. pero si una consecuencia muy molesta: perdí la memoria de periodos y circunstancias de mi vida que desde entonces tan sólo puedo recuperar, con esfuerzo, si alguien me los recuerda. Y yo me pregunto: ¿Cuánto será lo realmente olvidado que desconozco porque no me lo recuerda nadie? ¿Cuántas cosas habré olvidado con imposibilidad de recuperarlas porque tan sólo las conocía yo?
Si se tiene una muela infectada, los calmantes, antibióticos contra la inflamación, etc., tan sólo son parches para mejorar temporalmente el estado de salud, pero lo único que realmente puede curarlo es hacer desaparecer la caries que produce el mal. De la misma manera, la Obra era la causa que provocaba mi depresión y todos los tratamientos que me aplicaron durante trece años fueron composturas ineficaces para la mejoría definitiva, que tan sólo se produjo cuando estabilicé mi vida fuera del Opus Dei.
Creo que lo que me daba una cierta estabilidad con respecto a la depresión era precisamente el deseo cada vez mayor de irme de la Obra. Pienso que al enfrentarme a la verdadera razón de mi mal y al poner los medios de que disponía para dejarlo fue lo que precisamente me inyectó vitalidad. El caso es que mis ganas de dimitir en la Obra aumentaron durante el año siguiente a la aplicación del electroshock, pero continuaba careciendo de los recursos interiores necesarios para llevarlo a cabo. Según la imagen de futuro que vaticinaban mis directoras era muy dura la vida que me esperaba fuera del Opus Dei: sin familia, con cuarenta y dos años, con una gran enfermedad, con padres muy mayores, sin amistades y, por si fuera poco, jugándome la salvación eterna por decirle a Dios que no en un don tan valiosísimo como es la gracia de la vocación a la Obra.
Pero, ¡hete aquí!, que hace poco más de un año (mayo de 2004), por casualidad descubro esta web. Leo con admiración como no soy la única persona a la que le ocurren estas cosas, sigo a Carmen Charo en su testimonio y cómo tan sólo mejora cuando deja el Opus Dei, me empapo de los correos diarios, de los documentos que figuran en “Tus escritos”... e, ¡ilusa de mí!, lo cuento en la charla de la semana siguiente. Me contestan que debo dejar de acceder a esta web, pero para entonces ya se me “habían abierto lo caminos divinos de la tierra” y sigo entrando en ella; lo cuento de nuevo, me contestan que si continúo leyéndola he de hablar con un sacerdote de la Delegación y, por la cara que puso quien llevaba mi charla, le pregunté si lo que estaba haciendo era algo muy grave y me respondió que sí. Pero ya era imposible pararme, así que ni fui a ver a ese sacerdote ni volví más al centro. Escribí a los orejas expresándoles mi deseo de contactar con alguien que me pudiera ayudar y tuve encuentros con algunos exmiembros. Ya me hallaba con la fuerza necesaria para dejar el Opus Dei. Saqué el propósito de no volver a pisar un centro de la Obra, por lo que quedé una tarde en una cafetería con la agregada que llevaba mi dirección espiritual y le entregué la carta de dimisión al Opus Dei.
Cambié de psiquiatra (por supuesto no del Opus Dei) y después de varias consultas me dio la buena noticia de que no padecía depresión bipolar, sino que mi estado depresivo se debía al ánimo triste normal de cualquier persona, que se desborda hacia la enfermedad cuando se halla sometida a una gran soledad y al intenso estrés de carecer de esperanza para salir de ella, por lo que la desaparición de las circunstancias que lo provocan (en mi caso dejar la Obra) llevaría de nuevo a la salud. Y, en efecto, así ha ocurrido.
A mediados de agosto conocí a quien ahora es mi marido (nos casamos unos meses después), a final de ese mes me llamaron de delegación contándome que el Padre no me daba la dispensa en espera de que me lo pensara mejor y les respondí que como tardaran mucho en dármela corrían el riesgo de que contrajera matrimonio sin estar dispensada, y cinco semanas más tarde, por fin, fui eximida de pertenecer al Opus Dei.
Junto a la Obra también se fue de mi vida la depresión de la que llevo más de un año sin presentar ningún síntoma, a pesar de que el nuevo psiquiatra me ha retirado, poco a poco, gran parte de la medicación (ya que no puedo abandonarla de golpe por el efecto rebote que me provocaría tras haberla estado tomando durante tantos años), siendo su idea la de acabar suprimiéndomela del todo.
Y aquí finaliza mi testimonio, que se corresponde con este presente en el que lo termino.
Minerva
viernes, 27 de marzo de 2009
Lucha de Juan Pundik
Estimados amigos:
A raíz de un dictamen favorable de EMEA (Agencia Europea del Medicamento) de junio del 2006 para la utilización del PROZAC (fluoxetina) en niños solicitado por su fabricante los laboratorios Lilly, y vistas las reacciones adversas sobre las que el prospecto del propio laboratorio advierte, constituí mediante convocatoria por correos electrónicos una PLATAFORMA CONTRA LA MEDICALIZACION DE LA INFANCIA, y reunidas suficientes firmas, me dirigí en junio del 2006 al Presidente de la Comisión Europea, Don Jose Manuel Durao Barroso, solicitándole que no avalara con su firma el dictamen de EMEA.
Al no recibir acuse de recibo ni respuesta, reiteré el texto hasta que a la 5ª reiteración recibí una respuesta que le había sido encomendada, no a los responsables de Salud Pública y Defensa del Consumidor, sino a Don Martin Terberger, Jefe de Unidad de Productos farmaceuticos de la Dirección General de Empresa e Industria, lo cual me pareció el colmo de lo descarado. De todo esto dí cuenta al entonces Presidente del Parlamento Europeo, Don Josep Borrell, que dió curso oficial a mi queja sobre falta de TRANSPARENCIA EN LA COMISIÓN EUROPEA.
Con fecha 25.10.07 recibí correo de Alina Vasile, Secretaria del Comité de Peticiones del Parlamento Europeo, informándome que la Comisión se reunía el 22.11.07 a las 17 horas para considerar el informe de la Comisión Europea y mi solicitud, y me invitaba a hacerme presente y pronunciar un alegato.
A pesar de que no era mi primera visita a Bruselas, un recorrido exploratorio al edificio del Parlamento Europeo en donde estaba citado para las 17 horas me permitió comparar el enorme contraste entre la antigua capital de esta hoy conmocionada y escindida Bélgica, con su catedral y sus monumentos y los rascacielos de la gigantesca burocracia europea. La visita me permitió entrever lo que pagamos los europeos para mantener este pacífico ejército que salvaguarda nuestra democracia que, aunque corrupta, es la atenta vigía y custodia de nuestros derechos y libertades.
Vuelto ya a la sede del Parlamento, fui recibido en la entrada por una secretaria de la Comisión de Peticiones que me colocó la tarjeta de identificación para atravesar los sistemas de seguridad del imponente Sancta Sanctorum. Entramos a la Sala de la Comisión. No me esperaba el enorme hemiciclo de tipo parlamentario. Arriba, quince cabinas para los traductores simultáneos. En cada cabina, varios traductores. Es la Sala de una de las Comisiones que funcionan durante todo el día. Los escaños delanteros para los europarlamentarios y representantes de organismos acreditados, los de atrás, para los peticionantes. Cascos para la traducción. Presidente polaco, secretarios varios de este melting pot que ha venido preparando nuestro convivenciable mestizaje desde hace miles de años atrás.
Los peticionantes anteriores venían de Irlanda a quejarse de sus corruptos ayuntamientos, que para saltarse las normas europeas sobre prevención medioambiental y protección de yacimientos arqueológicos e históricos en la construcción de presas y carreteras, dividían sus proyectos por partes de manera tal, que por ser entonces varios proyectos pequeños, estaban exentos de cumplir con los reglamentos e investigaciones pertinentes. El Ayuntamiento de Cork se había llevado por delante yacimientos arqueológicos y cementerios para construir carreteras. El de Tara había construido una presa sin estudios medioambientales. Acusaban a sus ayuntamientos de constituirse en juez y parte y de violar el ordenamiento jurídico que no le permite ser juez y parte, argumento al que me remití posteriormente, ya que la Agencia Europea del Medicamento también violaba esta tradición jurídica al permitir a los laboratorios ser jueces y partes en las autorizaciones de sus productos.
Llegó mi turno, y pronuncié mi alegato:
Excelentísimos señores eurodiputados de la Comisión de Peticiones del Parlamento:
Vengo a solicitar vuestra intervención para que este Parlamento:
1º. Vete o derogue la Decisión C(2006) 3842 que autoriza la administración de Prozac (fluoxetina) a niños y adolescentes menores de 18 años concedida por la mera petición del fabricante del producto, los Laboratorios Lilly.
2º. Derogue el artículo 6 del Reglamento de la Comisión Europea que permite un funcionamiento anómalo y ajeno a nuestro orden y tradiciones jurídicas como lo es el delegar en el solicitante de la autorización la investigación sobre los beneficios de la medicación por él producida, de sus contraindicaciones y posibles efectos adversos.
3º. Abra una investigación sobre la validez científica de las autorizaciones concedidas por la EMEA a los productos medicinales mediante este aberrante procedimiento.
4º. Establezca un ordenamiento jurídico transparente mediante el cual las autorizaciones para la administración de las sustancias medicinales se concedan mediante estudios, pruebas e investigaciones realizadas por organismos que sean garantía de independencia de la industria farmacéutica.
Es innumerable la cantidad de estudios e investigaciones publicadas en los últimos años que establecen que el enorme aumento del uso de antidepresivos que incrementan los niveles de serotonina, y que son administrados a menudo en combinación con otros fármacos, que también elevan esos niveles, constituyen una amenaza para la salud y la vida del paciente. Estudios e informes que me he ocupado de enviar, y de los cuales la Comisión Europea no ha tomado conocimiento, considerando válido el solo informe del laboratorio fabricante.
Se está concediendo a los profesionales médicos autorización para decidir cuáles de nuestras ideas o conductas deben ser rotuladas, diagnosticadas, tratadas, medicadas e incluso drogadas con el beneplácito de la Comisión Europea. El sistema democrático, tan trabajosamente conquistado, corre el riesgo de estar dando paso, muy veladamente, a un nuevo tipo de estado totalitario que pretende clasificar a niños y jóvenes en adictos, angustiados, depresivos, fóbicos, anoréxicas, bulímicas, atacados de pánico, bipolares, asmáticos, epilépticos, hiperactivos, etcétera; y someterlos a medicaciones segregacionistas y minusvalidantes, que borran de un plumazo los derechos y libertades individuales, por cuya conquista han luchado e incluso sacrificado sus vidas generaciones enteras de seres humanos que sentaron las bases de la sociedad democrática en la que vivimos.
Vengo a comparecer a Bruselas ante esta Comisión de eurodiputados del Parlamento Europeo en representación de la Plataforma contra la medicalización de la infancia, que cuenta ya con mil adhesiones, para defender la dignidad humana, la libertad, la democracia y los derechos del hombre, y en particular de las futuras generaciones, que están corriendo el riesgo de ser reemplazados por los derechos del mercado representado por las multinacionales.
Muchas gracias por la oportunidad que me habéis brindado de presentar este alegato y esta solicitud.
Las peticiones anteriores habían provocado escasas intervenciones de los europarlamentarios presentes. La mía produjo la multitudinaria demanda de pedidos de palabra. Dos para defender las bondades del Prozac, la confianza en las investigaciones del laboratorio fabricante, la responsabilidad de los médicos que debían administrarla, y la responsabilidad de la Comisión Europea. La mayoría de los europarlamentarios utilizó los datos de mi presentación para cuestionar la administración de antidepresivos en infancia y adolescencia.
Una joven representante de la Comisión Europea defendió la posición de la Agencia Europea del Medicamento y de la Comisión, alegando que habían tomado en cuenta las investigaciones que yo mencionaba y se habían inclinado por las ventajas de la administración del Prozac en niños y Adolescentes deprimidos, previo fracaso de tratamientos psicoterapéuticos y demandando a los profesionales médicos precauciones a la hora de recetar Prozac en infancia y adolescencia.
Me dieron un nuevo turno de intervención para responder, durante el cual insistí en mi acusación de falta de transparencia y seriedad por parte de la Comisión Europea y de la Agencia Europea del Medicamento y de la corruptela legalizada de sus reglamentaciones, que permitían a los laboratorios constituirse en juez y parte como en los casos de los ayuntamientos de Cork y Tara. Les hice saber que en las cartas que obran en mi poder, recibidas del jefe de Unidad de Productos Farmacéuticos de la Dirección General de Industria y Comercio de la Comisión Europea, reconocía que no tenía conocimiento de las investigaciones que yo incluía en mi informe.
Insistí en mi consideración de que las respuestas emitidas por la Comisión Europea a través de esa Dirección General eran una demostración de su corrupción, ya que no estábamos ante temas ni de Industria ni de Comercio, sino de Salud Pública, de Defensa del Consumidor, de derechos y libertades individuales. Que la Comisión Europea no me merecía la más mínima confianza, cuando días atrás, su presidente había reconocido que su apoyo a la invasión de Irak había sido obtenido mediante engaños, que la industria farmacéutica también los engañaba, que estaban sometidos no sólo a los engaños de los laboratorios farmacéuticos, sino también a las directivas de la FDA de los Estados Unidos, que actualmente está siendo investigada por el Senado Norteamericano por corrupción, por recibir subsidios de la industria farmacéutica. Manifesté mi opinión de que había que investigar si la Agencia Europea del Medicamento recibía también subsidios de la industria farmacéutica para autorizar sus productos. Que si bien la industria farmacéutica nos brindaba las sustancias que prevenían la enfermedad, protegían nuestra salud y nos curaban, también habían sido los inescrupulosos generadores de los monstruos producidos por la talidomida, de las muertes consecuencia de la administración del antiinflamatorio Vioxx, ahora prohibido, y de centenares de medicamentos cuya autorización es anualmente revocada por las consecuencias iatrogénicas aparejadas que se descubren tardíamente cuando las personas ya han sufrido sus consecuencias, incluida la muerte.
El Presidente me informó que me había excedido en el uso de mi palabra, que me agradecía mi presencia y mi intervención, que mantendría abierta la investigación del tema sobre el que solicitaría información ampliatoria. Varios europarlamentarios, representantes de organizaciones acreditadas y de la prensa se me acercaron para felicitarme por mi valiente denuncia y para pedirme los textos de mi documentación y mis libros sobre el tema, de los cuales había llevado ejemplares para su distribución. Salí de la reunión contento, satisfecho, fortalecido con la convicción de que ésto tiene que ser sólo el comienzo, que la lucha continúa, que el inconsciente y el psicoanálisis requieren una política. Que hay un amplio margen y posibilidades para la militancia política en los organismos de la Unión Europea que son desconocidos e infrautilizados por sus ciudadanos, y que debemos tenerlos en cuenta en nuestros objetivos, porque son más accesibles y democráticos que los organismos de nuestros gobiernos nacionales.
En el avión, titular de El País: “La trama de corrupción, campa a sus anchas en Madrid desde hace años”, ya lo decía Hamlet: “Algo huele a podrido en Dinamarca”. Dinamarca, como todo, se ha globalizado. La vuelta a la militancia me ha metido en la máquina del tiempo. Me hace sentir 30 años más joven. Os recomiendo la receta de todo corazón. No vaciléis en probarla.
El problema es que esto sólo debería ser el comienzo y que la lucha de la Plataforma debe continuar. Hasta ahora lo he hecho prácticamente sólo, casi en una sóla dirección. Ahora se abren los caminos en todas las direcciones. En la dimensión de lo local, en relación a colegios, hospitales, colectivos profesionales y de cualquier otro tipo, ante organismos oficiales como ayuntamientos y otros, ante autoridades nacionales, como ministerios, diputados, senadores y europarlamentarios y por supuesto, ante Bruselas. Tenemos que llevar adelante la Plataforma como una organización de la que cada uno y cada una seais voceros de esta lucha política contra la medicalización de la infancia y de la vida cotidiana. Espero ideas, propuestas y ofrecimientos.
Cordialmente,
Juan Pundik
Plataforma contra la
medicalizaciónde la infancia
Presidente
Para adherir a la causa o comunicarse con Juan Pundik, envía un mail a: jpundik@arrakis.es



